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| El Premio Nobel Mario Vargas Llosa en la Universidad Nacional de Piura (2012) |
Por: Marco Martos
Piura in Mario Vargas Llosa’s novels Marco
Martos
(Universidad Nacional Mayor de San
Marcos)
Revista Letral, n.º 21, 2019, ISSN 1989-3302
RESUMEN
Mario
Vargas Llosa escoge distintas porciones del territorio de América como
escenario de sus obras de ficción. Dentro de sus múltiples opciones, Piura es,
dentro del Perú, la zona privilegiada, pues varias de sus obras se desarrollan
dentro de ese espacio geográfico. La ficción es para Mario Vargas Llosa una
cristalización de todos los actos humanos, en este caso de los habitantes de
Piura. A través de sus personajes Mario Vargas
Llosa establece vínculos
entre toda su
obra ficcional. Los jefes, La casa verde y El héroe discreto muestran
un permanente interés por la cultura del Perú.
Palabras
clave: Vargas Llosa; ficción; literatura peruana; Piura.
ABSTRACT
Mario Vargas
Llosa chooses different
parts of the
territory of America as a
place for his
fiction. Within its
multiple options, Piura isa
privileged zone from Perú, since some of his works are developed into that geographical
space. Fiction is for Mario Vargas
Llosa a crystallization of all human
acts, in this
case of the inhabitants of Piura. Through his
characters Mario Vargas Llosa establishes
links between all
his fictional works. The
Cubs and other Stories, The
Green Houseand The Discreet
Heroshow a permanent interest in
the culture of Peru.
Keywords:
Vargas Llosa; fiction; Peruvian literature; Piura.
Introducción
Mario
Vargas Llosa es sin duda alguna el autor literario peruano más importante
después de César Vallejo. Desde 1958 hasta este momento ha desarrollado su obra
literaria como un vasto lienzo de novelas, cuentos, obras de teatro, ensayos,
artículos periodísticos, que lo ha llevado a convertirse en el autor más
importante del orbe hispano. Una sucesión de premios y títulos académicos
muestra el aprecio
del mundo de
las letras por
su descomunal obra. La obtención
del premio Nobel de literatura en 2010 no ha hecho sin
corroborar una opinión
que los lectores
de todo el mundo se habían hecho, mucho antes, dela
excelencia de su es-critura. El objetivo general del estudio es aumentar el
corpus crí-tico de la obra de Mario Vargas Llosa, estudiando algunas de sus
obras de
ficción que tienen
en común el
que desarrollan parte importante de su transcurrir en Piura.
Los objetivos específicos son estudiar las características de la prosa, su
funcionalidad res-pecto de la materia narrada, vincular los textos con la
concepción del mundo de
su autor a
través de los
diversos personajes que aparecen y reaparecen en las distintas
ficciones. Además, el estudio se propone hacer precisiones sobre el manejo del
español del Perú de Mario Vargas Llosa y analizar los propios textos de Mario
Vargas Llosa en
los libros de
ficción elegidos, los
que escogen Piura como espacio
propicio. La concepción de la novela en nuestro autor ha ido variando con el
paso del tiempo, si al principio sostuvo la teoría de los “demonios
interiores”, luego ha preferido desarrollar lo que ha llamado “la verdad de las
mentiras”. En el primer caso privilegio la motivación escritural del autor y,
en el segundo, el simple
arte de contar.
En las ficciones que
estudiamos, Los jefes o La casa verde, prevalecen los personajes considerados
rebeldes marginales. En El héroe discreto, los disidentes o antagonistas de la
normalidad son más bien execrables. Piura en la obra de Mario Vargas Llosa es
uno de los espacios privilegiados para el desarrollo de sus ficciones. Y los
personajes que escoge, aquellos que son centrales en sus páginas, son
emblemáticos, como aquellos llamados “los inconquistables” que personifican la
valentía, pero también el machismo, la voluntad de vivir
sin rumbo ni
objetivos, y al lado
hay personajes que se
imponen misiones, que personifican –equivocados o no–a la voluntad de
poner orden en medio
del caos, como
el sargento Lituma que reaparece en varias novelas, o el
sacerdote García que llevado por su
pasión religiosa incendia
el prostíbulo de la ciudad, o el pequeño empresario de la novela El
héroe discreto que resiste al chantaje y quiere llegar al fondo de la verdad.
Verdad siempre esquiva al
esfuerzo de los
seres humanos, como
puede advertirse en otra
novela de ambiente
piurano: ¿Quién mató a Palomino Molero? Mario Vargas Llosa es, por
estas novelas de ambiente piurano, seguramente
el novelista más
cercano al sueño de Honoré de
Balzac, que se propuso en sus monumentales obras hacer
una síntesis del
comportamiento humano. Y
eso lo advertimos con mayor
certidumbre si insertamos todas las obras de ambiente piurano en un
caleidoscopio más amplio y general: las ficciones totales de Mario Vargas Llosa
que abarcan, sin excepción posible, todo el territorio nacional, como no lo
había hecho ningún otro autor de ficción.
Piura es
un ambiente privilegiado
en las obras de
Mario Vargas Llosa. Varias
de sus obras
de ficción Los jefes,
La casa verde, El héroe
discreto, ¿Quién mató a Palomino
Molero? se desarrollan en ese
espacio. También Piura
aparece en las
obras de teatro del
autor. Algunos de
los personajes de
Mario Vargas Llosa, circulan
por sus obras
de ficción, particularmente el sargento
Lituma que aparece en tres novelas. La obra narrativa de Mario Vargas
Llosa tiene una
estructura acumulativa, caleidoscópica. La
obra narrativa sobre Piura tiene esta
característica. Abundan personajes que cumplen diferentes roles.
I
Hubo
un tiempo ya lejano, en el que al estudiar a un escritor se asociaba, casi
fundía, los hechos de su vida con sus poemas, cuentos o novelas. Estudiar la
vida y obra un poeta o novelista o dramaturgo
era lo natural.
Solo con el
paso de las
décadas, los estudios literarios
aprendieron a distinguir las diferencias entre las peripecias personales y las
páginas literarias. Se puso de moda entonces lo que se ha dado en llamar la
inmanencia del texto, de modo que solo
las palabras que
aparecían en las
hojas escritas tenían sentido,
sin considerar quién era su
autor y hasta
de las circunstancias históricas.
A ese exceso
sucedieron otros quefueron
poniendo el acento
sobre distintos aspectos
del proceso creativo, por
ejemplo, sobre el momento en
que se escribe
un texto, la llamada sociología de la literatura, o sobre el momento en
que se lee, la llamada hora del lector. Ahora estamos curados de espanto.
Sabemos bien que todo se juega en el texto, pero también comprendemos, gracias
a Freud, gracias a Charles Mauron, que no se puede prescindir de la biografía
para analizarlo, ni tampoco de las
circunstancias históricas en que
se produce, ni del momento en que se lee. Es con este
espíritu que pergeñamos este ensayo sobre la importancia de Piura en la obra de
Mario Vargas Llosa. Desde el
punto de vista
personal, Mario Vargas
vivió en Piura en dos ocasiones,
una en 1946, cuando fue estudiante del colegio Salesianos en el quinto año de
primaria, y otra en 1952, cuando, en el quinto año de secundaria, fue alumno
del colegio San Miguel, después de su voluntario retiro del colegio Leoncio
Prado en Lima. Estas circunstancias le permitieron absorber las realidades que
conocía y dar
libre paso a
su imaginación poderosa,
transformando esas vivencias
en un magma
literario de gran calidad que le
ha dado justa fama. Una primera observación general que
podemos hacer es
que esas realidades,
tanto las de Piura, como aquellas del colegio militar
en Lima, no aparecen en las obras literarias de Mario Vargas Llosa de la misma
manera, en algunos casos, como en la novela La ciudad y los perros, las
circunstancias personales que vivió el novelista son transfigura-das en
la obra literaria,
y en otras,
como en la
novela La casa verde, que
una buena proporción
transcurre en Piura,
sencilla-mente no aparecen. Más bien, son las capas más profundas de la
experiencia personal y cultural, aquellas que marcan una manera de ser
profunda, más allá de lo anecdótico, y que podemos llamar de una manera general
el espíritu de la gente de Piura, su manera de ser, de apropiarse de la lengua española
y expresarla con los modismos
regionales característicos, las que
cobran un primer plano. Podría decirse, pues, que Mario
Vargas Llosa alcanza una madurez definitiva con La casa verde, novela publicada
en 1967.
II
El
primer volumen que publicó Mario Vargas Llosa, su libro de cuentos Los jefes de
1958, llamó la atención de distintas maneras a
los lectores y
críticos, sobre todo
por el ardor
con el que
esos personajes juveniles defendían sus posiciones fuesen las que fuesen,
en algunos casos en oposición al poder, y en otros en las interminables rencillas
de los adolescentes o
de los adultos recientes. En
años anteriores, como
lo ha consignado
el propio novelista en El
pez en el
agua de 1990, había
sentido una gran admiración por
Jean-Paul Sartre y por Albert
Camus y, en ocasión de una visita fugaz a París,
disfrutando de una pequeña beca, había intentado entrevistarse con ellos. Le
fue imposible encontrar a Sartre
que era protegido
por una legión
de allegados que procuraban poner dificultada todo el que
quisiera conversar con él; más bien
conversar con Camus
fue algo que
alcanzó por sus propios medios, pues leyó en los diarios
sobre el estreno de una obra del célebre autor nacido en Argelia, se presentó
en el teatro y pudo, al
finalizar la puesta en
escena, conversar con
el admirado escritor. Camus se
dio cuenta del origen hispano de su interlocutor y
de inmediato cambió
el francés en
el que conversaban por
el español. Lo
sabía muy bien,
pues su madre era española. Es curioso, pero esta
visita a Francia, el deseo vehemente de conocer a dos afamados escritores a los
que apreciaba de todo corazón, marcan, por así decirlo, dos de las líneas fundamentales
del arte de Vargas Llosa, en lo que se refiere a los contenidos. En el aspecto
formal ya se sabe de sus admiraciones, que son otras, Flaubert en el siglo XIX,
Dos Passos y Faulkner en el siglo XX. Los
personajes de los
cuentos de Los jefes tienen
más de Camus que de Sartre, al
que seguiría en algunas de sus novelas. Son jóvenes que tienen por encima de
toda consideración aquella que tiene que ver con el disfrute de la vida, se
enfrentan unos con otros y también con
los mecanismos del poder,
con el poder mismo simbolizado precisamente por los
jefes, uno de ellos, emblemático, el director del colegio San Miguel de Piura. Estos
jóvenes son, como el
célebre personaje de
Camus, extranjeros en su propia tierra. Cuando el libro
apareció, uno de los que lo juzgó fue Sebastián Salazar Bondy que tuvo la
perspicacia de percibir que al Perú le había nacido un gran autor, pero no puso
atención a los espacios
en los que
estos cuentos se
desarrollan. Dice que Vargas Llosa ha elegido gentes y sucesos
que aparecen en un nivel de altivez y ejemplaridad, jefes que asumen una tarea
para todos los que, en la
penumbra de la multitud
o el grupo,
transcurren sin relieve, sujetos por la timidez y la impotencia
(Rodríguez Rea 40) Sebastián
Salazar se detiene
en la narración
“Arreglo de cuentas” que relata
un duelo. Nada más que eso. Dos rivales combaten –dice–en las afueras de un
pueblo. Uno muere. El padre del vencido está ahí participando de esa fiesta
terrible, y acata el trágico final sin penas. El clima es lo que importa,
sombras y rencores, muerte y
resignación, primitivismo y
exaltación dionisiaca. Sin
embargo, todo el libro Los jefes está ambientado en dos espacios diferentes,
Piura y Lima y esa sería una constante que aparecerá en otros relatos como La
casa verde o el libro de memorias El pez en el agua o la novela El héroe
discreto. En los cuentos de ambiente
piurano, tempranamente Mario
Vargas Llosa logra
eludir aquello que se ha dado en llamar el provincianismo, esa suerte de
fidelidad mal entendida a lo particular que puede dificultar la lectura a los
forasteros, que siempre son la mayoría, respecto a una comunidad. Es algo que
todo gran escritor consigue, pero llama la atención que
Mario Vargas Llosa
lo lograse desde
sus principios como escritor.
III
Sin
duda, una de las novelas emblemáticas de Mario Vargas Llosa es La casa verde.
Publicada en 1965, es un texto que no cesa de conmover y de ganar a nuevos
lectores. En su momento de aparición
causó desconcierto por
su carácter fragmentario,
porque las historias que se narran no son contadas de manera sucesiva,
sino simultánea. Se pasa de una historia a otra sin respetar ningún orden
cronológico; el tiempo, los tiempos, van y vienen saltando, de forma autónoma.
La obra está dividida en cinco libros, cuatro
de ellos numerados,
y un epílogo.
A final hay
dieciocho capítulos numerados y cinco prologales, sin numeral. Cada capítulo
significa un movimiento, un cambio de asunto. Sin embargo, la novela entera
aparece ligada sutilmente, porque los espacios, que son
fundamentalmente dos, la
ciudad de Piura
y la selva: Santa María de Nieva y
la ciudad de Iquitos, aparecen como una continuidad por viajes de algunos
personajes. Mario Vargas Llosa ha escrito:
Es la
historia de un
burdel que había
en Piura, que
recuerdo mucho de cuando yo estaba en quinto de primaria. Era una casa
verde, una cabaña, en medio del arenal de las afueras de la ciudad, en
pleno desierto, al
otro lado del
río. Para nosotros
los niños eso tenía un carácter fascinante. Naturalmente yo no me acerqué
jamás allí. Pero es una cosa que se me quedó muy grabada. Cuando volví a Piura
en quinto año de media, o sea seis años después, existía todavía, entonces yo
fui allí... Era un burdel muy especial, un burdel de ciudad subdesarrollada.
Era sim-plemente una sola
habitación muy grande
donde estaban las mujeres, y había una orquesta de tres
personajes, un viejo ciego que tocaba el arpa, un guitarrista al que le decían el
Joven y un hombre muy fuerte
que parecía un
catchascanista, un camionero, que tocaba los platillos y el
tambor y que se llamaba Bolas. Como
son personajes un
poco míticos para
mí los he
conservado en la novela con sus nombres. Entonces entraban allí los
clientes y salían a hacer el amor en la arena, bajo las estrellas. Es una cosa
que no he podido olvidar nunca (Ensayos literarios749).
Otras
experiencias de Mario Vargas Llosa se suman a esa inicial: un viaje a la selva
que hizo en 1958, donde conoció a Tushía, un japonés que ha dado el personaje
en la novela que lleva el nombre de Fushía.
La acción de
la novela transcurre
principalmente en dos lugares, en Piura y en Santa María de Nieva, y de
modo menor en Iquitos. Montado en un asno, cruzando las dunas aparece un día en
Piura un misterioso forastero de origen selvático: lacónico, hirsuto, curtido
por la intemperie. Nadie sabe de dónde viene ni quién es. Un día causa la
sorpresa de todos comprando un terreno
en pleno arenal
donde pronto se
sabe que piensa edificar una
casa. La gente piensa que la arena devoraría aquella mansión en poco tiempo, se
la tragaría como a los viejos árboles podridos o a los gallinazos muertos. El
forastero desdeña los consejos y construye su casa. Es una lucha que todos los
piuranos contemplan. Don Anselmo hace trabajar a los albañiles durante el día,
mientras el desierto por la noche perfila su labor de zapa. Daña los cimientos
y entierra las paredes; las iguanas roen las paredes, los gallinazos arman sus
nidos en la incipiente construcción y cada mañana hay que corregir los planos,
reponer los materiales en un combate sordo que subyuga a la ciudad. El forastero triunfa.
Levanta la casa y la
pinta totalmente de
verde. Casa de extravagante color y no menos estrambótica por la disposición de
sus habitaciones: un
espacioso salón en
el piso de abajo y seis cuartos minúsculos en el de
arriba. La expectación de los piuranos crece día a día. Van llegando los
muebles, media do-cena de camas, seis lavabos, seis espejos, seis bacinicas.
Las sospechas aparecen y son
expresadas en voz
alta por Jesús
Santos García, sacerdote español, en la misa de doce de un domingo: “Se prepara una
agresión moral a esta ciudad”.
Pronto llegarán las mujeres jóvenes y don Anselmo se
enriquece y se pasea orondo por la ciudad. Pese a las diatribas del padre
García, la casa verde sobrevive a los anatemas. Los contrastes comienzan cuando
llega al pueblo la desventurada Antonia, hija de unos viajeros asesinados por
unos bandoleros una mañana en las dunas. Se le encuentra en la arena, tendida,
más muerta que viva, con la lengua y los ojos arrancados por los buitres. La
desdichada gana el corazón de los piuranos que la miman y compadecen. Una
lavandera la recoge y hospeda hasta que un día desaparece. Empiezan a circular
runrunes: ¿Ha sidoasesinada? ¿Ultrajada?
Solo el tiempo
resuelve las inquietudes.
La ha raptado
don Anselmo, quien
enamorado de ella la ha instalado en un cuarto privado donde la ama y
posee. La tragedia se produce cuando Antonia queda embarazada y a pesar de los
cuidados del médico Pedro Zeballos, muere en el parto. El sacerdote Jesús
Santos García, instiga al pueblo y lo encabeza para incendiar la casa verde.
Don Anselmo, queda en la ruina, perdonado por la gente de su barrio, la misma
que antes lo había condenado, va de chingana en chingana tocando el arpa en las
noches interminables, hasta que una mujer que ha reconstruido la casa verde le
da cobijo en ella. Esa mujer es su hija, la Chunguita, el fruto de sus amores
con Antonia, la ciega que casi muere en el arenal. Junto a los personajes
piuranos, o residentes en Piura, de esa
manera dual que
caracteriza a toda
la producción de
Mario Vargas Llosa, aparecen los personajes de la selva, el ambiente de
Santa María de Nieva donde la india Bonifacia, arrancada de niña por las monjas
de su vida de comunidad un buen día se escapa, se casa con un militar y vive
una vida tranquila. Pero el sargento Lituma, uno de los personajes más
entrañables de la ficción, se ve mezclado en una muerte y Bonifacia termina en
el prostíbulo. Otros personajes atractivos
para el lector
son Fushía, que
vaga por las profundidades de la selva como aventurero, Jum, un personaje
que lucha contra
los caucheros, enemigos
de su pueblo aborigen. Podemos sacar una conclusión
inicial que se enriquece con la lectura
de toda la
obra del consagrado
novelista. Vargas Llosa ha movido
su pluma por todos los espacios de la geografía peruana, costa,
sierra y selva,
pero los lugares
en los que se
mueve con mayor comodidad son la zona de Piura, la selva y la ciudad capital,
Lima. La multitud
de personajes de La
casaverde, abigarrada y disímil, tiene secretos hilos entre sus personajes, como
los tiene Balzac
en su obra
fundamental. Así como hay personajes emblemáticos que aparecen
en la novela y luego no vuelven a ser mencionados, hay otros que aparecen y
reaparecen en otras obras de ficción. Uno de ellos es el sargento Lituma, uno
de los personajes favoritos que reaparece en otras de ficción. En La casa
verde, pese a
todas las desdichas
que se narran, queda en sus páginas memorables un
aroma de vitalidad, los personajes se mueven de un lado a otro y van dejando su
silenciosa verdad: la vida vale la pena, hay que vivir , aunque fuera “de barriga”
como lo dijo en uno de sus versos célebres César Vallejo.
Con
La casa verde Mario Vargas Llosa ha entregado a sus lectores una vigorosa obra
de ficción que se interna en los meandros de la sociedad patriarcal. La misma
casa verde en medio del arenal es un símbolo fálico que rinde culto al deseo,
despojado de los afectos, de
los clientes que van
naturalmente a satisfacerlo con las
“habitantas” como dice
el novelista. El
sacerdote Jesús Santos García es
en la ficción el representante de la voz de la iglesia militante,
que encabeza un
movimiento que termina
incendiando el prostíbulo. Pero la casa verde tiene algo de inocencia,
es el lugar de la permisibilidad, de los sueños, de la libertad, para los clientes
por supuesto, y
no para las
muchachas que se ven
obligadas a canjear
sexo por dinero
para poder vivir. El
prostíbulo tiene todas las condiciones para ser mitificado, como se ha
dicho, desde siempre es un lugar unido al templo y a los ritos sexuales de la
iniciación y la fecundidad, ahí los hombres descubren su condición única,
sometida al tiempo y a la muerte, al éxtasis y la caída sexual. Los mangaches
idealizan su particular edén y no recuerdan bien si el fuego que devastó la
primera casa verde fue verdadero o solo se trataba de una historia que corrían
para molestar al sacerdote García que, como si todavía estuviese vigente la
contrarreforma, demonizaba ese pedazo de naturaleza montaraz que evocaba al
primitivo Dionisio, con su pata de cabra, danzando ebrio en los ritos de la
fecundidad.
IV
No
ocurre con frecuencia que un novelista nos narre cómo escribió su obra de
ficción. Sin embargo, en el caso de La casa verde, Mario Vargas Llosa lo hace
en 1971 con su libro Historia secretade
una novela. Lo
que sacamos en
limpio de la
lectura de este texto es que para un autor la novela es
un acto de escribir para exorcizar los demonios que atormentan y obsesionan al
escritor. El argumento de muchas de las novelas de nuestro autor nace de las
experiencias personales, vividas, oídas, leídas o soñadas, que luego se mezclan
con elementos ficticios que será imposible se-parar. Este ensayo muestra que
por lo menos esta novela surge en el magín del autor imponiéndose con fuerza
natural, obligándolo a contar.
El antiguo furor
divino que acosaba
a los poetas griegos va acompañado de un largo
trabajo de investigación para recrear
escenarios, de arduas disputas con
el estilo para
conseguir el tono
de escritura buscado.
Como queda dicho, La
casa verde se desarrolla en dos espacios, Piura, asociada con la civilización,
el mar, el color amarillo, y Santa María de Nieva, que representa la selva, el
mundo primitivo, el color verde. Aunque no está en el libro y nadie lo ha dicho
hasta ahora, la construcción de la casa
verde por don
Anselmo, personaje de
la selva en los
arenales de Piura, muestra la irrupción de lo primario, lo ancestral, lo
genético, en lo organizado y moderno, aunque esa modernidad tenga
lugar en una
ciudad de un
país del tercer mundo como Piura. Vargas Llosa vivió en Piura
en dos ocasiones, cuando tuvo nueve años y luego a los dieciséis. Los recuerdos
de esas largas estancias quedaron grabados a fuego en su memoria, como el
prostíbulo que representaba un misterio durante su primera estancia y que pudo
frecuentar durante la adolescencia, y la Mangachería, barrio emblemático de la
ciudad. Santa María de Nieva surge del recuerdo de una expedición por el Perú
amazónico que impresiona al novelista al descubrir una realidad del Perú antes
desconocida para él. Las formas de vida que allí conoce, con su violencia e
injusticia permanecerán vívidas en su memoria y tres de ellas,
las que más
le impresionaron, aparecen
en La casa verde: la misión de
las monjas que educaban a las niñas haciéndolas odiar sus raíces, la violencia
ejercida por el ejército contra un pueblo que se propone crear una cooperativa
y la historia de un japonés que se instala en la selva, Fushía, y forma un
ejército de saqueadores sembrando el miedo entre los aborígenes. Mario Vargas
Llosa al principio
concibió dos novelas
separadas, pero como las historias se le mezclaban en su imaginación
juzgó indispensable escribir una sola, amplia en extensión y en contenidos. Así
mismo, esa casa verde piurana se convierte enos
casas en la
novela:una casi irreal,
mítica solo hasta
cierto punto, pues a los prostíbulos en Piura, situados en los arenales,
se les
conocía por los
colores con los
que estaban pintados
y se decía “el verde”, “el
rosado”;y otra, la casa verde que corresponde a sus dieciséis años, donde liban
y fornican los mangaches.Un aspecto muy interesante del ensayo es la creación
del personaje don Anselmo que tiene una historia cercana al folletín. El
novelista decide crear una voz cercana a la del propio Anselmo que representa
hasta cierto punto la conciencia de la Mangachería, logrando así una voz
mítica para su historia. Una tarea muy compleja fue recrear el mundo de la
selva, por desconocimiento de la zona. La historia del poblado indígena y de su
alcalde tortu-rado por querer
crear una cooperativa,
que iba a
ser una de las
principales, se convierte en secundaria, contada por boca de testigos; la
historia queda mejor concebida con este recurso de intermediación. En
esta fase de la creación
novelística, el autor decide realizar más viajes a la selva
para completar sus historias ya que los libros no eran fuente suficiente.
Encontrar los puntos de contacto entre
estos dos mundos
aparentemente alejados, Piura y
Santa María de Nieva, fue una tarea central de la concepción novelística.
Personajes como el sargento Lituma o Bonifacia, la niña aguaruna, que aparecen
en los dos escenarios, son un hilo unificador de todas las historias. El
personaje central, sin duda, es don Anselmo, de quien no conocemos con
precisión su origen, que no tiene un acento identificable y tiene preferencia
por el color verde. La
tesis de Mario
Vargas Llosa de
que las novelas
se escriben con obsesiones
y no con
convicciones se matiza
a lo largo del ensayo pues el
autor busca información sobre los temas que
quiere tratar y
va intentando diversas
formas de contar
la misma historia, no limitándose a la tarea de exorcizar sino realizando
un trabajo consciente. Y así es como ocurre finalmente en toda creación
literaria. La musa divina tiene su lugar en los comienzos, pero luego cede su
lugar al trabajo artesanal. Vargas
Llosa relata los
sentimientos encontrados que lo
llenan a la vuelta de su primer viaje a la selva: indignación por el atraso, la
violencia de esa realidad, pero la alegría de haber encontrado un
material bueno para
contar. Interpreta esos
sentimientos como una
revelación de la
naturaleza de la
literatura, que se sirve de la infelicidad humana para relatar mejor sus
historias. Si la violencia es uno de los motores de la ficción de Vargas Llosa,
otro es lo que él llama “los cráteres activos”, la enorme cantidad de acciones
de gran intensidad que se suceden. Son ellas la fuerza de
las novelas de
Mario Vargas Llosa
y La casa verdees uno de sus brillantes primeros
ejemplos.
V
A lo
largo de toda
su producción literaria,
Mario Vargas Llosa aquí y allá va subrayando la presencia
de Piura en su magín, y esa región
del Perú aparece
aquí y allá
en sus escritos.
Ocurre por ejemplo en su novelade
corte policial ¿Quién mató a Palomino Molero? Sin duda, todo lector
contemporáneo conoce el género policial, nacido de las manos prodigiosas de
Edgar Allan Poe en 1841 cuando publicó Los crímenes de la calle Morgue. La
investigación policial sustituye la intuición por el raciocinio en literatura y
esa es la norma en toda la tradición literaria en el siglo XX en este tipo de
relato que se ha dado en llamar la novela negra. Sin duda que la novela
policial, tal y como se ha desarrollado en Occidente, es un subgénero si la
comparamos con los logros que se buscaron considerándolos como el máximo
esfuerzo de un novelista: la llamada
novela total, como
los aportes de
John Dos Passos con su novela
Manhattan Transfer de 1925. Como lo han observado numerosos
críticos, Mario Vargas Llosa
ha considerado a
la literatura, a toda la
literatura, como un
episodio para explorar y sin duda
ninguno de sus rincones deja de ser interesante para visitar, escudriñar, y
apropiárselo. Y eso es lo que hace con
el género policial.
Sin duda Vargas
Llosa conoce bien
a los maestros del
policial norteamericano: Samuel
Dashiell Hammett, Raymond
Chandler y Ross Macdonald, tres maestros muy populares durante décadas. Y tiene
la idea de trasladar el policial norteamericano al Perú, solo que el foco del
interés varía, la investigación del crimen es suficientemente interesante para
convocar la atención
del lector, pero
no es el
objetivo central del novelista
que se centra
en ofrecernos una
novela de ambiente, Amotope, Talara,
dos lugares piuranos,
y sobre todo
aprovecha para delinear detalles de la personalidad de uno de sus
personajes favoritos a lo largo de toda su producción: el sargento Lituma. No
es muy sabido el hecho de que Mario Vargas Llosa conoció y trató en Piura en
1952 al capitán retirado César Lituma, nacido a principio de
siglo en Huancabamba,
que alternaba con
los profesores del colegio San Miguel. Desconocemos qué peripecias
reales de ese militar pasaron directamente a la pluma de Vargas Llosa, pero sí
sabemos que al novelista le cayó en gracia el amigo de sus
maestros y los
podemos imaginar comiendo
un cebiche con clarito en alguna
chichería de los arenales, atendidos por las privadoras, las azafatas de ese
tiempo, de deslumbrante belleza lugareña.
Lituma, el sargento
Lituma aparece por
primera vez en La casa verde, es
el esposo de Bonifacia, la muchacha aguaruna que crían las monjas en Santa
María de Nieva y que consigue con él
una momentánea felicidad.
El matrimonio en la
práctica se disuelve
por una injusta
acusación contra Lituma y tiempo
más tarde encontramos
a Bonifacia en
el prostíbulo de Piura
y al propio
Lituma en esos
cálidos arenales. En ¿Quién mato a Palomino Molero?, Lituma
participa en la investigación del crimen y en Lituma en los Andes es el
personaje protagónico. La vemos reaparecer, una vez más, en El héroe discreto. Siempre
se ha
señalado la cercanía
de Mario Vargas
Llosa con Flaubert. Justo es
decir que las galas
del estilo los
hace cercanos, pero
la concepción de la novela misma le viene a Mario Vargas Llosa de
Balzac, ese arte de hacer, finalmente, una gran novela a lo largo de toda la
vida a la que se van agregando personajes y otros como Lituma se pasean por
toda la obra con menor o mayor protagonismo. El conjunto de la obra de Vargas
Llosa es, a nuestro juicio, con sus torrentadas y sus meandros, equiparable al
esfuerzo de Balzac en La comedia humana. Una suma, sin prisa y sin pausas, de
la experiencia humana trasladada a la literatura. Si aceptamos este punto
de vista, las
grandes novelas como La
casa verde, Conversación en la
catedral o La guerra del
fin del mundo son expresión
depurada de un gran río de belleza y de palabras, que tiene sus épocas
imponentes, y otras de aguas y palabras específicas, focalizadas en un tema o
asunto particular, uno de los cuales es la investigación policial. En la novela
que convoca nuestra reflexión, la
acción comienza con
el descubrimiento de un cadáver, un hombre asesinado, y la
historia tiene apariencia de lineal y centrada en la búsqueda del criminal o de
los criminales de un joven avionero. Los datos se van ofreciendo al lector de
manera natural, sin embargo, hay una dosis de suspenso que solo un maestro del
arte narrativo puede ofrecer. Vargas Llosa nos va ofreciendo un fresco de la
sociedad, la manera de pensar de cada uno de los personajes principales y traza
un cuadro muy preciso de la discriminación racial. Sin embargo, todos los
personajes enmarañan de tal manera la trama, aportan datos contradictorios, que
la solución del crimen queda un poco apartada del foco de la narración. Queda
claro, si así puede decirse, que el teniente Dufó asesinó al avionero Palomino
Molero, pero el resto son sombras. Parece
ser que cumplía
órdenes del coronel
Mindreu, que a su
vez entra en contradicción con las versiones de su hija y tal vez sufra de
delusiones, como dice en un momento el propio Lituma, que, si bien secunda al
teniente Silva, lo opaca por su perspicacia, su olfato policial. Silva tiene un
rasgo insólito, se siente atraído por doña Adriana, una dama casada, entrada en
carnes y que resiste el asedio del impetuoso galán que resulta apaleado. En la
novela Lituma en los Andes de 1993, que mereció el Premio Planeta, el tema
policial que está llevado principalmente por Lituma sirve de marco a un
trenzado temático que abarca las misteriosas desapariciones que ocurren en el
pueblo de Naccos, numerosos
episodios protagonizados por
Sendero Luminoso y una historia de amor entre Tomasito y
Mercedes. De ellas solo la historia de las desapariciones es de naturaleza
policial. En las largas apariciones de Lituma, en sus evocaciones de lo
perdido, apa-rece siempre Piura, la ciudad de los algarrobos y los arenales.
VI
Ocurrió
en 2013. Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura en 2010,
dio a conocer
su novela El héroe discreto que, como suele suceder en estos casos, llamó
profundamente la atención de críticos y lectores. A las ediciones en lengua
española se fueron sucediendo
traducciones a distintos
idiomasy de inmediato
la novela se integró al caudal de lo que parecía indispensable leer.
Sin embargo, con el transcurrir
de los meses,
también por problemas de distribución de la obra, un
manto de silencio empezó a cubrir la obra, hasta convertirla, tempranamente en
una de las menos leídas del célebre autor.
Si hacemos abstracción
del asunto de distribución que se debe fundamentalmente al cambio de
razón social de la casa editora, pero que tiene una influencia grande en la
circulación del volumen, no puede dejar de advertirse un cierto desencanto de
la crítica frente a la, en ese año, reciente
obra del escritor
arequipeño. Y las
razones, dichas o calladas,
tienen que ver
con la expectativa
que un escritor
derga data y consagrado por los premios literarios más importan-tes del
mundo genera en los lectores de todo rango, como si siem-pre tuviera que estar
ofreciendo obras de gran aliento y calidad. Se
ha hecho una
opinión consolidada decir
que Mario Vargas Llosa tiene algunas novelas
fundamentales comoLa ciudad y los perrosoConversación en la catedral, al lado
de las cuales otros trabajos narrativos suyos empalidecen en su concepción y en
sus logros. Tal manera de pensar nos parece fundamentalista y se ha repetido al
juzgar a grandes autores desde Homero hasta nues-tros tiempos. Vargas Llosa es
un escritor de raza, como Balzac y sus escritos pueden leerse como una sinfonía
de palabras. Cada una de las
páginas de ficción
que escribe tiene
un valor en sí
misma y otro valor agregado por pertenecer a un conjunto armó-nico. Eso es
precisamente lo que sucede conEl héroe discreto, la novela de
la que nos
ocupamos en estas
cuartillas que puede leerse
como una novela
independiente o como
parte del gran fresco que está constituido por el
conjunto de ficciones de nues-tro premio Nobel de literatura.Como había
ocurrido enEl pez en el agua, el texto narra-tivo está dividido en dos grandes
apartados que solo al final de la novela se juntan en una sola argamasa. Se
trata de la historia pa-ralela de dos personajes disímiles, de un lado,Felícito
Yarlequé, pequeño empresario de Chulucanas, Piura, que es extorsionado, y de
otro, Ismael Carrera, un exitoso hombre de negocios, dueño de una
aseguradora en Lima,
quien realiza una
sorpresiva ven-ganza contra sus
dos hijos holgazanes que desean verlo muerto. Ambos personajes se parecen y
tienen sus peculiaridades. Son re-beldes a su modo, quieren hacerse cargo de
sus propios destinos y poner su
propia cuota en
lo que les
ocurre. Mientras Ismael desafía todas
las convenciones de
su clase, Felícitose
aferra a unas pocas máximas para
enfrentarse al chantaje.No pueden ser propuestos como modelos, como hombres
justos en todos sus ac-tos, pero sí como justicieros, pues están por encima de
las mezquindades de su
entorno, para vivir
según sus ideales
y deseos. Antiguos conocidos del mundo vargasllosiano aparecen en estas
páginas: el sargento
Lituma y los
inconquistables, don Rigoberto, doña
Lucrecia y Fonchito,
todos moviéndose en un
Perú bastante diferente al de otras novelas del autor. Los editores han
calificado al libro como un texto lleno de humor, con elementos propios
del melodrama, donde
Piura y Lima
ya no son espacios
físicos, sino reinos
de la imaginación
poblada por los personajes. Todo lector preocupado por el
uso del lenguaje puede observar, sobre todo si es peruano, la frecuencia de la
utilización de vocablos de nuestro país en las novelas de Vargas Llosa. Una
pri-mera observación, con la que es difícil disentir, es que en sus primeros escritos
nuestro novelista utiliza
una profusión de los
llamados “peruanismos”, es decir vocablos del español del Perú. Este fenómeno
ocurre principalmente en sus primeras
novelas. La utilización de
vocablos de nuestro
país, diferentes a
los que son de
la lengua general, disminuye progresivamente a
lo largo de toda su obra, pero,
manteniendo esta tendencia general, tiene pequeños picos cuando la obra vuelve
a tener como escenario a nuestra patria como ocurre en Lituma en los andes. En
la novela que ahora estamos
observando vuelve la
profusión de términos del Perú, aunque no en la cantidad
que aparecía en los primeros escritos, esta vez con un rasgo distintivo
peculiar, la mayor parte de las palabras que aparecen pertenecen al léxico de
Piura, en especial la exclamación “che
gua”, sobre la que cabe hacer una observación
muy de detalle.
Se trata de
una expresión onomatopéyica, usada
con frecuencia en la lengua oral de Piura. Vargas Llosa la presenta en todos
los casos tal cual: “che gua” y esa es una simplificación de su uso. Los
piuranos usan “gua” con más frecuencia y “che gua” solo en algunos casos. Solo
cuando la admiración es excesiva, o la sorpresa, aparece ese par de exclamaciones.
En los
primeros tiempos de su escritura,
Mario Vargas Llosa tuvo, sin
duda, un objetivo ideológico, ensalzar a los rebeldes y a los marginales. Tal
actitud se mantuvo con pocas variaciones en sus novelas más importantes de la
primera mitad de su magnífica obra literaria,
principalmente en La ciudad
y los perros, La casa verde, Conversación en la
Catedral, La guerra del fin del mundo,
y reaparece, en
la novela posterior La
fiesta del chivo. Los temas
escogidos y el punto de vista en que se situaba el narrador, y desde el punto
de vista psicológico, la edad del propio autor, contribuían a esta actitud. Ganador del
premio Nobel de Literatura en 2010, enfrentado a un alud interminable de elogios y
habiendo cambiado en las últimas
décadas su punto
de vista ideológico, Vargas Llosa esta vez escribe una novela no muy
ambiciosa, pero que toca una vez más al tema del poder, no tanto en la
sociedad en su
conjunto, sino al
poder en el seno de dos
empresas familiares, una de un cholo “chulucano”,es decir, natural de
Chulucanas, Piura, y otra de un hombre acaudalado, residente en
Lima que enfrentan
situaciones de riesgo.
Ambos están instalados, si así puede decirse, en sus respectivos
papeles, mientras Felícito Yarlequé
dirige “Narihualá”, una
empresa de transportes en la ciudad
de Piura, Ismael Carrera es el propietario de una empresa aseguradora, que, para
librarla de la voracidad de sus
hijos, decide venderla,
al tiempo que
contrae matrimonio con la joven Armida que le había servido como ama de
llaves. Yarlequé recibe unos misteriosos mensajes que, firmados por un dibujo
de una araña, le exigen, a modo de chantaje, colaborar con dinero con el
anónimo firmante. El relato, por partes tomando recursos de la novela negra,
permite la reaparición de algunos personajes conocidos por su participación
descollante en otras obras
de ficción como
el sargento Lituma
o los inconquistables. Solo
que aquí son
figuras menores que
ayudan a la espesura de la trama. Yarlequé tiene todas
las virtudes de un personaje
popular emprendedor y
solo un defecto
que lo lleva
a la debacle personal:
alejado amorosamente de su propia
esposa Gertrudis, tiene una amante, Mabel, a la que llega a querer como
un adolescente. El capitán Silva y el sargento Lituma, con suma habilidad,
logran descubrir que los culpables de las amenazas y del incendio que destruyó
las instalaciones de Transportes “Narihualá” estaban en el propio entorno
familiar. Si leemos transversalmente la novela podemos decir, una vez más, que
trata del poder, de las intrincadas relaciones familiares respecto de su
consecución, y trata también de que los lazos de sangre
están debilitándose en
la sociedad contemporánea, pero trata también de el
conflicto entre generaciones y la conclusión es sombría: en ese enfrentamiento
son los provectos y valetudinarios los que llevan la razón. Pareciera que este
efecto final que emana de las propias páginas de la novela no fue calculado por
el propio autor. No importa. Las palabras siempre dicen más que lo que piensan
aquellos que las emiten y eso vale en todos los casos.
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