jueves, 1 de mayo de 2025

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Muere Mario Vargas Llosa, el último monstruo sagrado de la literatura latinoamericana

Vargas Llosa en una imagen tomada en 1990.

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Pie de foto,Vargas Llosa en una imagen tomada en 1990.

Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel de Literatura peruano cuya muerte a los 89 años anunciaron sus hijos este domingo, tuvo claro desde muy joven que quería ser escritor.

Y a eso dedicó su vida con disciplina de picapiedrero, hasta que consiguió el reconocimiento universal como autor y una división de opiniones en torno a su figura pública que quizás no se veía en Occidente desde la época del filósofo Jean Paul Sartre.

Tal vez no es coincidencia: Sartre fue uno de sus primeros modelos (sus compañeros de juventud le decían "el sartrecillo valiente"), y aunque después abjuró de las ideas políticas del francés -y de muchas de las literarias-, hasta el final fue un escritor engagé, comprometido con su realidad, como lo pregonaba el famoso existencialista.

Esa disciplina y compromiso lo llevaron a producir con asombrosa abundancia: 20 novelas (entre ellas, obras cumbres como "La fiesta del Chivo", "Conversación en La Catedral" o "La ciudad y los perros"), un libro de cuentos, 10 obras de teatro, 14 libros de ensayo, dos de crónicas y uno de memorias, amén de mútiples recopilaciones de sus columnas y escritos sueltos.

"Su partida entristecerá a sus parientes, a sus amigos y a sus lectores, pero esperamos que encuentren consuelo, como nosotros, en el hecho de que gozó de una vida larga, múltiple y fructífera, y deja detrás suyo una obra que lo sobrevivirá", señalaron en un comunicado los hijos del escritor, Álvaro, Gonzalo y Morgana.

"Procederemos en las próximas horas y días de acuerdo con sus instrucciones. No tendrá lugar ninguna ceremonia pública. Nuestra madre, nuestros hijos y nosotros mismos confiamos en tener el espacio y la privacidad para despedirlo en familia y en compañía de amigos cercanos. Sus restos, como era su voluntad, serán incinerados", agregaron.

El también ganador del premio Príncipe de Asturias e integrante de la Academia Francesa estuvo acompañado en sus últimos días de vida por sus hijos y la madre de estos, Patricia Llosa Urquidi.

Marío Vargas LLosa

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La figura paterna

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa, la ciudad blanca en el sur de Perú.

Y aunque siempre la ha señalado como su lugar de origen (y ahí, en la casa colonial donde nació, reposa su biblioteca), sólo vivió en ella un año.

En 1937, su abuelo Pedro J. Llosa decidió irse a vivir a Cochabamba, Bolivia, a administrar una hacienda algodonera. Allí, rodeado de mujeres y de la autoridad benigna de su abuelo, Vargas Llosa vivió en lo que él mismo ha descrito como una especie de paraíso.

La caída en la realidad vendría nueve años después, cuando la familia materna había regresado a vivir en Perú, esta vez a la ciudad de Piura, donde su abuelo fue nombrado prefecto.

Una imagen del escritor en 1975.

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Pie de foto,Una imagen del escritor en 1975.

Lo que sucedió allí fue uno de los eventos fundamentales en su vida, tanto, que con él empieza "El pez en el agua", lo más cercano a una autobiografía que Vargas Llosa llegó a escribir.

"Mi mamá me tomó del brazo y me sacó a la calle por la puerta del servicio de la prefectura. Fuimos caminando hacia el Malecón Eguiguren. Eran los últimos días de 1946 o los primeros de 1947, pues ya habíamos dado los exámenes en el Salesiano, yo había terminado el quinto de primaria y ya estaba allí el verano de Piura, de luz blanca y asfixiante calor.

-Tú ya lo sabes, por supuesto -dijo mi mamá, sin que le temblara la voz-. ¿No es cierto?

-¿Qué cosa?

-Que tu papá no está muerto. ¿No es cierto?

-Por supuesto. Por supuesto.

Pero no lo sabía, ni remotamente lo sospechaba".

Ernesto Vargas, el hombre que había abandonado a la madre del futuro escritor pocos meses antes de que éste naciera, regresaba para ocupar su patriarcal lugar en el centro de la familia.

Y vaya si lo ocupó: ese mismo día, sin siquiera avisarle a la familia de su esposa, Dora, se los llevó a vivir a Lima.

Es posible que la pulsión de Mario el escritor naciera ahí, en la descomunal y desigual lucha de voluntades que se inició entre ese niño y su tiránico padre.

Lima, la detestable

También en "El pez en el agua" Vargas Llosa dice que detestó a Lima desde el primer momento y se refugió en las revistas de historietas y las novelas de aventuras de Julio Verne, Emilio Salgari y Karl May.

Cuando Mario tenía 14 años su padre cumplió la amenaza de ingresarlo a un colegio militar, el Leoncio Prado.

Mario Vargas Llosa

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Pie de foto,Vargas Llosa nunca fue un escritor de torre de marfil. En la foto, durante una visita en 2010 a la zona árabe de Jerusalén para documentar la situación de los palestinos viviendo bajo ocupación israelí.

Allí pasaría cuatro años y, contra lo que su progenitor quería, lo enfrentaría a un microcosmos de lo que era Perú, con jóvenes de todas las clases sociales y razas de Perú, así como a la tremenda violencia que se desataba de ese encuentro. Y lo convencería de su íntimo deseo de ser escritor.

Sobre su experiencia en el colegio militar escribiría, a los 26 años de edad, su primera novela, "La ciudad y los perros", la cual no sólo lo lanzaría a la fama sino que inauguraría el movimiento literario con el que sería identificado el resto de su vida: el Boom de la literatura latinoamericana.

Pero eso sería un poco más tarde. Antes vendría la experiencia completa de Lima (con un breve interregno en Piura para terminar su bachillerato, escribir su primera obra de teatro, "La huida del inca" y trabajar en la sección policial de un diario) que ya no le parecería tan detestable.

En la capital trabajó en periódicos y como asistente de un historiador, estudió Derecho y Literatura en la Universidad de San Marcos, perteneció brevemente al prohibido partido comunista de Perú, y ganó un viaje de 15 días a París por su relato "El desafío", que forma parte de su único libro de cuentos, "Los jefes".

Fue en ese período que conoció la obra de José Carlos Mariátegui, Carlos Marx y Sartre, fundamentales para su pensamiento político temprano, y la del estadounidense William Faulkner, quien lo marcó por su prodigiosa técnica novelística. También leyó con fruición a Alejandro Dumas, Víctor Hugo y Gustave Flaubert, otro de sus grandes maestros.

Fue también cuando, en un caso de rebeldía tribal, se casó, a los 19 años, con su tía materna, Julia Urquidi, 11 años mayor que él y divorciada.

De su relación con ella y su trabajo en Radio Panamericana saldría una de sus novelas más exitosas y graciosas: "La tía Julia y el escribidor". De su experiencia limeña en tiempos de la dictadura del general Manuel Odría, la monumental "Conversación en la catedral", y de Piura y dos estadías en el Amazonas peruano, "La casa verde".

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Cinco obras imprescindibles

-La ciudad y los perros (1963)

-Conversación en la catedral (1969)

-La tía Julia y el escribidor (1977)

-La guerra del fin del mundo (1981)

-La fiesta del chivo (2000)

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París y Cuba

En 1958, gracias a una beca, Vargas Llosa se traslada con Julia a vivir a Madrid para hacer un doctorado en literatura.

Sin embargo sólo se queda un año en España y, al terminarse la beca, busca cumplir su sueño de vivir en París, un lugar mítico para escritores latinoamericanos de su generación -y previas- como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Alejo Carpentier y Severo Sarduy.

Las condiciones en las que vivía junto a su esposa en el Hotel Wetter del barrio latino, en la rive gauche eran modestísimas. Trabajó como profesor de español e incluso -según relata Julia Urquidi en su libro "Lo que Varguitas no dijo"*- sirvió de escritor fantasma a una señora peruana que quería publicar sus experiencias en Medio Oriente.

Todo cambiaría con la publicación en 1963 de "La ciudad y los perros" (ganadora del premio Biblioteca Breve de Seix Barral en 1962), que le traería fama internacional y repudio local: centenares de copias de ese libro fueron quemadas por los militares en el colegio Leoncio Prado por considerar que los había desprestigiado.

Mario Vargas Llosa

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Ya mejor instalado en Francia -aunque con su matrimonio en crisis- y con trabajo en la radio televisión francesa, empezó a escribir su segunda novela, "La casa verde", donde aparece por segunda vez (la primera había sido en un cuento) el sargento Lituma.**

Fue el tiempo en que comenzó a apoyar de lleno a la Revolución en Cuba, a donde había viajado un par de veces como periodista.

"Para mi generación, y no solo en América Latina, lo ocurrido en Cuba fue decisivo, un antes y un después ideológico. Muchos, como yo, vimos en la gesta fidelista no solo una aventura heroica y generosa, de luchadores idealistas que querían no solo acabar con una dictadura corrupta como la de Batista, sino también un socialismo no sectario que permitiría la crítica, la diversidad y hasta la disidencia", escribiría en el prólogo de su libro de ensayos "La llamada de la tribu".

También fue la época en que estableció trato con otros escritores latinoamericanos que empezaban a despuntar, como Carlos Fuentes (a Julio Cortázar lo conocía de antes. El argentino incluso leyó "La ciudad y los perros" cuando aún no la había publicado).

"La casa verde" (que ocurre en la selva amazónica y en un prostíbulo en Piura y donde Vargas Llosa muestra su extraordinario dominio de la técnica novelística moderna), fue su consagración definitiva. Publicada en 1966, ganó el premio Rómulo Gallegos 1967.

En su discurso de aceptación delineó lo que era su credo literario: "La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza".

Lo mismo podrían haber dicho varios colegas letraheridos que, en paralelo a Vargas Llosa, trataban de escribir novelas totales, que no solo complementaran la realidad sino que rivalizaran con ella.

Y en 1967 se publicó una de ellas: "Cien años de soledad", del colombiano Gabriel García Márquez. Fue la locomotora que puso en marcha el indetenible tren del "Boom de la literatura latinoamericana", como bautizó al movimiento el crítico chileno-estadounidense Luis Harss.

Precisamente es en agosto de ese año, durante la entrega del Rómulo Gallegos en Caracas, cuando Vargas Llosa y García Márquez se conocen e inician una profunda amistad que terminaría de manera volátil en febrero de 1976 en Ciudad de México.

Auge y declive del Boom

Carlos Fuentes y García Márquez

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Pie de foto,Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez -junto a Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar- forman el núcleo central del llamado "Boom de la literatura latinoamericana".

Fueron los años dorados del Boom, al que solo pertenecieron formalmente Cortázar, Carlos Fuentes, Vargas Llosa y García Márquez.

Si la gran escritura de la primera parte del siglo XX perteneció a la literatura estadounidense, la latinoamericana fue el fenómeno de la segunda mitad del siglo, y no solo sirvió de impulso para consolidar a escritores como el chileno Jorge Donoso o el cubano Guillermo Cabrera Infante.

El apetito que se despertó por la literatura latinoamericana fue tal que también ayudó a que un público más amplio redescubriera viejos maestros como el argentino Jorge Luis Borges, el uruguayo Juan Carlos Onetti, el mexicano Juan Rulfo, el paraguayo Augusto Roa Bastos o el cubano Alejo Carpentier.

Ese mismo año milagroso de 1967, Vargas Llosa (ya casado con su prima Patricia Llosa) se trasladó a vivir a Londres, donde también realizó varios oficios (aún no podía vivir de las regalias), el principal de ellos enseñando literatura en el Queen Mary´s College, aunque también fungió como ocasional colaborador del Servicio Latinoamericano de la BBC, lo que hoy es BBC Mundo.

Al tiempo, trabajaba en su novela más ambiciosa hasta el momento, "Conversación en la catedral".

Entonces le llegó una oferta que no pudo rechazar: la superagente literaria Carmen Balcells le ofreció que se trasladara a Barcelona, donde ella se comprometía a hacerlo vivir de su escritura.

De esa manera la familia Vargas Llosa terminó viviendo en a calle Caponata de la capital catalana, prácticamente pared a pared con los García Márquez.

Era tal la fascinación de Vargas Llosa con García Márquez que dedicó dos años a escribir un libro sobre "Cien años de soledad" (que al tiempo le sirvió como tesis del doctorado que no había terminado), titulado "García Márquez, historia de un deicidio", el primer gran texto escrito sobre la obra del colombiano.

El comienzo del fin del Boom, de la utópica amistad entre un grupo de escritores y del compromiso de algunos de ellos con la revolución cubana, se encendió en París en 1971.

Y fue precisamente en un proyecto que prometía cuajar en algo concreto.

Aupados por el español Juan Goytisolo y apoyados financieramente por una rica heredera boliviano-francesa, algunos de los escritores latinoamericanos de más renombre se juntaron para editar desde la ciudad luz la revista de izquierda "Libre".

Allí estarían los cuatro principales del Boom, pero también Octavio Paz, José Donoso, Severo Sarduy y Jorge Edwards.

Vargas Llosa
Pie de foto,Mario Vargas Llosa en entrevista con la BBC en 1986.

La historia completa está narrada al dedillo en el capítulo cuarto del libro "En los reinos de Taifa", de Juan Goytisolo: el primer número de Libre ya estaba listo para imprimirse cuando se presentó en Cuba el llamado "Caso Padilla".

Heberto Padilla era un poeta cubano que había sido activo participante de la revolución e incluso había llegado a ocupar el cargo representante del ministerio Comercio Exterior en Praga. Sin embargo, hacia finales de los 60 empezó a criticar de manera abierta la política cultural del gobierno.

En marzo de 1971 fue detenido y poco después se divulgó una caricaturesca "confesión" que recordaba los juicios estalinistas e hizo montar en cólera a muchos escritores extranjeros amigos de la revolución.

Encabezados por Goytisolo y Vargas Llosa, varios intelectuales y escritores (que incluían a Sartre, Susan Sontag, Italo Calvino, Simone de Beauvoir, Octavio Paz, Alberto Moravia y Margarite Duras) enviaron dos cartas a Fidel Castro respaldando a Padilla, lo que hizo enfurecer al comandante en jefe, quien pronunció un fuerte discurso contra los firmantes a quienes prohibía la entrada a Cuba "por un tiempo indefinido e infinito".

El primer número de Libre fue aplazado hasta el otoño para que incluyera un completo dossier sobre el caso Padilla con diferentes puntos de vista, incluido un poema se Julio Cortázar en el que de desmarcaba por completo de las críticas al gobierno cubano.***

Agotada por la falta de dinero y escisiones internas, la revista sólo alcanzaría a publicar cuatro números. Pero no significó el fin inmediato del Boom. Vargas Llosa fue amigo de Julio Cortázar hasta su muerte en 1983 y de García Márquez mientras vivió en España.

La amistad de los dos escritores terminó en 1976 en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, el día del estreno de la película "Supervivientes de los Andes", cuando Vargas Llosa le dio un puñetazo a García Márquez, al parecer por un lío de faldas del que ninguno de los dos quiso hablar mientras estuvo vivo.

Etapas cómica, erótica e histórica

Tal vez sea coincidencia, pero después de su pública ruptura con la Revolución Cubana, la escritura de Vargas Llosa sufrió un cambio: empezó a experimentar con el humor.

Producto de ese período son las comedias "Pantaleón y las visitadoras" (1973) y "La tía Julia y el escribidor" (1977), las cuales tuvieron gran éxito de público.

En 1981, el escritor volvió a sorprender con su primera -y ambiciosa- novela histórica: "La guerra del fin del mundo", un regreso a la novela "total" en la que relata la sangrienta rebelión religiosa ocurrida en 1897 en Canudos, Brasil, y encabezada por el mesiánico Antonio Conselheiro.

Más adelante regresaría a la novela histórica con "El paraíso en la otra esquina" (2003) y "El sueño del celta" (2010).

La siguiente etapa en su literatura sería la erótica, que se inició con la novela corta "Elogio de la madrastra" (1988) y continuó en obras como "Los cuadernos de don Rigoberto" (1997) y "Travesuras de la niña mala" (2006).

Sin embargo, el cambio más profundo que experimentó no fue a nivel literario, sino político.

A fines de los años 70, Mario Vargas Llosa regresó a residir en Londres, en circunstancias muy diferentes: ya era un autor consagrado que podía vivir de lo que escribía.

Fue una etapa clave: vio el ascenso al poder de Margaret Thatcher y al mismo tiempo leyó -e incluso conoció- a grandes pensadores liberales contemporáneos como Isaiah Berlin y Karl Popper.

Afiche de Vargas Llosa

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En un cambio ideológico profundo, adoptó las ideas liberales y desde entonces -igual a lo que antes había hecho con las de izquierda- las defendió a capa y espada por escrito y en público.

En 2019, cuando lo entrevisté por última vez, seguía firme en sus convicciones:

"El liberalismo está asociado a la idea de la libertad y creo que la defensa de las libertades es algo absolutamente esencial... Para el liberalismo lo esencial son las ideas, los valores y dentro de ellos la idea de la libertad es absolutamente esencial. Una idea que no se puede disociar, dividir o fragmentar".

"La libertad, según los liberales, es una sola y debe darse simultáneamente en el campo económico, político, social, individual. Y que todo lo que signifique mayor libertad es bueno para el conjunto de la sociedad".

No mucho después de su conversión tendría la oportunidad de defender esas ideas en la arena política.

En agosto de 1987, cuando el entonces presidente peruano Alan García anunció que nacionalizaría la banca y las compañías de seguros, Vargas Llosa -quien se encontraba de vacaciones en su país- decidió oponerse públicamente.

Fue tal el éxito de su convocatoria que el mandatario desechó su plan de nacionalización y el escritor decidió lanzarse a la presidencia a nombre del movimiento Frente Democrático.

Sin embargo, después de un gran arranque de campaña, el escritor devenido en político se enfrentó con un fenómeno que primero lo sorprendió y después lo derrotó: Alberto Fujimori, quien durante la campaña caracterizó a Vargas Llosa como un neoliberal rico de ultraderecha.

Vargas Llosa regresó de inmediato a Europa a lamerse las heridas y a escribir "El pez en el agua", jurando nunca más involucrarse directamente en política.

Su caracterización como neoliberal y ultraderechista se mantuvo a través de los años, pese a que muchas de sus posiciones en temas sociales y políticos eran progresistas: apoyaba el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual, la legalización de las drogas y era crítico del trato de Israel hacia los palestinos.

Era, sí, un férreo defensor de la democracia como sistema político y consideraba al capitalismo, el libre mercado y la globalización la mejor manera de sacar a un país de la pobreza.

Y aunque en la entrevista de BBC Mundo que ya mencionaba matizó diciendo: "Hay quienes creen que el mercado resuelve todo, yo no creo eso, ni muchísimo menos, ni creo que sea la esencia del liberalismo", mantuvo hasta el fin su admiración por Margaret Thatcher y Ronald Reagan y una cercana relación con políticos conservadores de España y América Latina como Álvaro Uribe, Sebastián Piñera y José María Aznar.

La fiesta del chivo

En 2000, cuando nadie lo esperaba, volvió a publicar una novela total con "La fiesta del chivo", que rivalizaría con sus grandes logros en la escritura, como "Conversación en la catedral" o "La guerra del fin del mundo".

Era el regreso del Vargas Llosa que se metía en el fragor de los grandes acontecimientos políticos y de la violencia. Y también el regreso a un tema caro para los escritores latinoamericanos: el caudillo devenido en dictador.

"Trujillo pertenece a esa clase de dictadores que no solamente brutalizan y espantan a una sociedad sino que llegan a seducirla. Logran endiosarse y el grueso de la población les rinde culto", dijo en una ocasión sobre el hombre que controló República Dominicana por tres décadas.

Fue, quizás, la última gran novela que escribió un integrante del Boom y es la más admirada del escritor en el mundo anglosajón.

Entonces, el 9 de octubre de 2010, cuando Mario Vargas Llosa se encontraba en Nueva York dictando un curso de literatura en la Universidad de Princeton, a su apartamento alquilado entró la ineluctable llamada desde Suecia: había ganado el premio Nobel de Literatura de ese año.

Vargas Llosa recibe el Nobel

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Pie de foto,Vargas Llosa recibió el Nobel de Literatura en 2010.

Era lo que faltaba, si acaso, para inmortalizarlo. Y de paso para comprobar la relevancia del Boom de la literatura latinoamericana como algo más que un fenómeno comercial: es el único grupo literario en la historia que ha producido dos premios Nobel.

Después de un período en el que publicó varios ensayos y unas novelas menores, Vargas Llosa volvió a las primeras planas... pero de las revistas del corazón, a las que en múltiples ocasiones había manifestado su desprecio: a los 79 años de edad había puesto fin a su relación de medio siglo con Patricia para irse a vivir con la socialité española Isabel Preysler, exesposa del conocido cantante Julio Iglesias.

Desde entonces no fue extraño a las portadas de magazines como Hola. Las pocas veces que habló sobre el tema lo explicó como consecuencia de un intenso amor, que al menos públicamente duró hasta diciembre de 2022, cuando la separación de la pareja fue anunciada, acaparando una vez más las portadas de la prensa rosa, y no tan rosa.

También en 2022, a sus 86 años, ocupó el sillón número 18 de la Academia Francesa de la Lengua, los llamados "inmortales". Se convertía así en el primer escritor que no había publicado su obra en francés en ocupar un puesto en los casi 400 años de la ilustre academia.

A fines de ese año terminó su relación con la Preysler y se reconcilió con Patricia. En 2023 publicó la que, anunció, sería su última novela: "Te dedico mi silencio". También dejó de escribir su columna semanal, Piedra de Toque, que había publicado por décadas.

Al momento de morir, Mario Vargas Llosa era el último representante de una generación de monstruos que dominaron el panorama literario, intelectual y político de América Latina durante el siglo XX.****

En los últimos años de su vida aseguró ser feliz.

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*El libro, publicado en 1983, fue una respuesta a "La tía Julia y el escribidor".

**Es el personaje más recurrente de Vargas Llosa. Caracter principal en otras dos de sus novelas "Quién mató a Palomino Molero" y "Lituma en los Andes". También aparece en "Historia de Mayta" y en al menos una obra de teatro y un cuento.

***Heberto Padilla fue liberado en abril de 1971 y vivió en Cuba hasta 1980, cuando se le permitió salir. Se exilió en Estados Unidos, donde siguió escribiendo y se desempeñó como profesor universitario hasta su muerte en 2000, a los 68 años de edad.

****Como se habrán dado cuenta sobre todo las lectoras, no se mencionan mujeres, no porque no hubiera escritoras de esa talla, sino que por una serie de circunstancias, asociadas con el lugar y los tiempos, no se les permitió figurar de igual manera a nivel público. Más abajo encontrarán un reportaje sobre el tema.

Mario Vargas Llosa: "Me gustaría que la muerte me hallara escribiendo, como un accidente"

Mario Vargas Llosa
  • Autor,Juan Carlos Pérez Salazar (@JCPerezSalazar)
  • Título del autor,BBC News Mundo

Sobre su escritorio, en el que se sienta todos los días de 10 de la mañana a 2 de la tarde a trabajar, están la última edición del Times Literary Suplement, un busto de Balzac, una copia de su último artículo de prensa y un libro sobre el Congo, país en el que transcurre buena parte de su novela "El sueño del celta".

La casa de dos pisos en la que vive el escritor peruano Mario Vargas Llosa cuando está en Madrid es silenciosa y rodeada de verde.

Por debajo pasa un río subterráneo que hace que la temperatura en los agobiantes veranos madrileños sea varios grados menor a la normal. Las paredes, por supuesto, están repletas de bibliotecas con libros: literatura, pero también mecánica cuántica, electrodinámica, Picasso, historia del antiguo Egipto...

La excusa para estar aquí -si es que se necesita una para hablar con él- es conversar sobre la vejez, a propósito de un evento que sobre el tema realiza la Fundación Nobel en Madrid.

Es un buen tema de conversación. A sus 83 años, Mario Vargas Llosa es el último premio Nobel de literatura vivo de América Latina. Y el último que queda en pie de una generación prodigiosa que -de alguna manera- va de Borges, Carpentier y Onetti a él, pasando por Octavio Paz, Juan Rulfo, Guillermo Cabrera Infante, Gabriel García Márquez o Julio Cortázar.

Una generación que cambió no solo la literatura latinoamericana, sino mundial.

Escritorio de Mario Vargas Llosa

Fuente de la imagen,BBC Mundo

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Usted es uno de esos casos extraordinarios de un escritor que a los 83 años de edad sigue escribiendo y publicando. Se vienen a la mente Tolstoi, Saul Bellow o Wisława Szymborska... ¿Cómo es posible mantener esa longevidad? ¿Es cuestión de disciplina, de genes...?

Yo creo que es cuestión de disciplina. Yo trabajo de una manera bastante metódica, soy muy ordenado para mi trabajo, no para el resto.

Trabajo siete días por semana, 12 meses al año. Y no tengo la sensación de que es un trabajo. Realmente escribir es para mí un placer, aunque me cueste y tenga períodos muy difíciles.

Creo que en función de mi trabajo se organiza mi vida, que no está caracterizada por los excesos. Dejé de fumar hace muchos años, nunca he bebido, solo tomo vino con las comidas y de vez en cuando.

Mi gran placer es la lectura y mi propio trabajo. Quizá eso ha hecho que mi vida no se haya gastado como ocurre en el caso de muchas otras personas.

Aunque tampoco soy un obseso de cuidarme a la hora de comer o dormir. Hago una hora de ejercicio todos los días antes de comenzar a trabajar.

Quizá esa disciplina, esa organización que ha sido siempre en función de mi trabajo, pues ha hecho que viva hasta ahora.

Otra característica suya es que no es sólo un intelectual, sino una persona de acción, como lo muestra, por ejemplo, su investigación por los asesinatos de periodistas en Ayacucho en 1983, su campaña para la presidencia del Perú en 1990, o su viaje a Irak del que salió un libro de reportajes... ¿Cree que eso lo ha beneficiado?

En mi caso mi trabajo se alimenta de la vida misma. Nunca he sido una persona pasiva, siempre me he interesado por lo que ocurría a mi alrededor.

Desde muy joven he creído que ser escritor significa también una responsabilidad de tipo social y político.

Creo que la participación en lo que es la vida de la ciudad, del país, del tiempo en que uno vive, es también una obligación de tipo moral.

Mario Vargas Llosa en una manifestación política.

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Pie de foto,Vargas Llosa fue candidato a la presidencia del Perú en 1990. Perdió en segunda vuelta ante Alberto Fujimori.

Si uno cree que los libros y las ideas importan, que la política debe estar gobernada no por pasiones sino fundamentalmente por ideas, entonces la participación es una obligación.

He participado en las cosas de mi tiempo, en la vida política, no dándole preferencia sobre la literatura, que para mí es mi primera actividad, pero una participación activa forma parte de las tareas no solo de un escritor sino de un ciudadano.

Nunca me ha seducido la idea del escritor retirado, que vive encerrado en un cuarto de corcho como Proust. Para mí eso sería absolutamente inconcebible.

Pero usted es quizás el último representante en América Latina del escritor como gran figura intelectual pública, lo que antes fueron Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Ernesto Sábato... En su ahora larga vida ha visto cómo esa figura ha ido desapareciendo.

Y creo que es una pena porque significa que en nuestra época las ideas son menos importantes que las imágenes.

Por eso las figuras con que un político profesional le gustaría retratarse no son los escritores, son los futbolistas, los artistas, los actores. Y eso me parece que es un empobrecimiento.

Las imágenes son más perecederas que las ideas, menos importantes a largo y mediano plazo.

Y es una de las razones por las que la cultura en general se ha banalizado y frivolizado.

Octavio Paz

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Pie de foto,El escritor mexicano Octavio Paz, premio nobel de 1990, también realizó un viraje de la izquierda hacia posturas más liberales y socialdemócratas. En el capítulo dedicado a Paz de su libro "Redentores, ideas y poder en América Latina", Enrique Krauze habla de la perplejidad que sentía al final de su vida ante lo que acontecía en México y el mundo.

Creo que hay un hecho muy importante en nuestra época: una participación muchísimo mayor (a través de las redes sociales), antes era más reducida y menos democrática, pero quienes participaban entonces creo que estaban más movidos por convicciones firmes que hoy día, cuando muchas veces se hace de una manera muy superficial.

Volviendo al tema de la vejez, una cosa es la disciplina férrea para escribir, pero otra distinta es la creatividad. Mantenerla tan viva a su edad no debe ser solo cuestión de disciplina.

Pues mire, desde las primeras cosas que escribí cuando era todavía muy joven, casi niño, mi imaginación siempre se ha alimentado de la memoria, es decir, ciertas experiencias vividas, ciertos recuerdos (no sé por qué algunos y no todos) tienen esa capacidad estimulante que me hacen crear pequeñas fantasías que son las que están siempre en el punto de partida de todos los cuentos, novelas, obras de teatro.

Pero nunca creo haber concebido una historia a partir de nada, por un simple movimiento de la imaginación.

El punto de partida es alguna experiencia vivida que me deja imágenes que luego se convierten en algo obsesivo y de pronto me doy cuenta de que he comenzado a trabajar una pequeña historia a partir de ciertos recuerdos que muchas veces, ya en el proceso de redacción, desaparecen o pasan a ser algo secundario.

Usted siempre que habla de su trabajo como escritor destaca la disciplina, pero, en todos estos años ¿han cambiado en algo sus hábitos de escritura?

No, en eso sigo siendo el mismo que era cuando comencé a escribir.

Hay escritores que son muy espontáneos. Yo recuerdo por ejemplo en los años 60, que es una época en que nos vimos mucho con Julio Cortázar, él estaba escribiendo Rayuela, que es una novela un poco símbolo de la época.

Y me impresionó enormemente que él me decía "mira, muchas veces yo me siento a la máquina de escribir y no sé sobre qué voy a escribir".

Y yo le preguntaba: ¿pero no tienes un plan?

Y él me decía "no, no para nada. Si tengo alguno debe ser subconsciente". Eso nadie lo diría leyendo Rayuela, que es una novela que parece tan armada, tan compleja además de construcción...

Rayuela en homenaje a Julio Cortázar en Buenos Aires.

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Pie de foto,De los libros que publicaron los escritores del llamado boom de la literatura latinoamericana, Rayuela de Julio Cortázar es la más experimental. En la imagen, rayuela en homenaje a Julio Cortázar en Buenos Aires.

Ese no es mi caso para nada.

Antes de comenzar a escribir una historia hago muchos esquemas, aunque luego no los respete, pero los necesito mucho como punto de partida. Tener algunas fichas sobre los personajes... Sobre todo la organización del tiempo, saber dónde va a comenzar y dónde va a terminar la historia.

Por eso la disciplina es tan importante. Por eso procuro, además, trabajar todos los días. Si no, sentiría que la historia se me deshace, se me dispersa.

Necesito trabajar incluso durante los viajes -yo viajo bastante- y procuro mantener ese ritmo diario.

Usted ha escrito de manera abundante -y muy crítica- sobre las utopías sociales. Ahora creo que se puede hablar de una utopía individual: vivir más y mejor. Hay grandes inversiones en Silicon Valley -muchas de ellas secretas- no solo para combatir la vejez sino, aparentemente, la misma muerte... ¿Qué piensa de esto?

La muerte a mí no me angustia. Hombre, la vida tiene eso de maravilloso: si viviéramos para siempre sería enormemente aburrida, mecánica. Si fuéramos eternos sería algo espantoso.

Creo que la vida es tan maravillosa precisamente porque tiene un fin.

Lo que me parece muy importante es tratar de aprovechar esa vida, no desperdiciar las oportunidades. Creo que es muy importante tener una vocación y poder materializarla, aunque desde luego mucha gente no puede hacerlo.

La vida se ha alargado muchísimo, desde luego, Y eso tiene muchos valores pero también muchos problema: que cada vez menos gente va a tener que apoyar y alimentar a más gente. Significa que tendremos que aguzar la imaginación para que ello sea posible.

Nada de eso es fácil. Las viejas utopías han ido desapareciendo todas, vivimos en un mundo que es mucho más realista y, sin embargo, ese problema no hemos sido capaces de resolverlo, salvo en un número muy contado de países en el mundo.

Calico
Pie de foto,Calico, empresa fundada por Google y dedicada a investigar sobre la vejez. Y a combatirla.

Preparando esta entrevista pensaba en grandes personajes suyos que fueran de edad provecta. ¿Quizá el conselheiro en "La guerra del fin del mundo? ¿Urania en "La fiesta del chivo"? ¿Don Rigoberto? Y está por supuesto Juan Peineta en su última novela "Las cinco esquinas". ¿Pero ha escrito algún personaje pensándolo así?

No lo pienso en ese sentido de hacer personajes que sean más positivos que negativos.

Lo que tengo claro es que los personajes que me seducen más son los inconformes. Personajes que quisieran cambiar, si no el mundo, por lo menos su entorno, porque no lo resisten tal como es.

Y entonces algunos son más utópicos, tienen una visión más mesiánica de las cosas y otros se mueven en mundos más limitados, pero creo que el conformista, o no aparece, o aparece con tintes muy negativos en mis historias.

Los personajes que más descuellan son aquellos que no se conforman con el mundo tal como es para hacerlo más vivible.

Usted siempre ha dicho que el escritor, de entrada, tiene un gran desacuerdo con la realidad...

Creo que sí. Si uno inventa historias es porque la que vive no le basta o no le gusta, y escribir es una manera de cambiar mundo, de ofrecer a los demás mundos alternativos. Creo que esas son las ficciones.

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A la generación de ustedes en América Latina la distinguió la "novela total", ¿no?: "Rayuela", "Cien Años de Soledad", "Cambio de piel", "Conversación en la catedral"...

Claro, novelas muy ambiciosas, que quieren desafiar el mundo de igual a igual...

Cuando Carlos Fuentes tenía 76 años le pregunté si se sentía con fuerzas para escribir algo de largo aliento como"Terra Nostra" y me dijo que no. ¿Usted se siente con las fuerzas y la creatividad para acometer otra una novela así?

Pues mire, yo creo que uno debe mantenerse vivo, que lo ideal es que la muerte sea un accidente, que venga a interrumpir como algo accidental una vida que está en plena efervescencia. Ese sería mi ideal.

Yo escribo todavía a mano, con tinta, en cuadernos, como empecé. Y me gustaría que la muerte me hallara escribiendo, como un accidente...

Haber vivido la vida hasta el final y sobre todo no haberme muerto en vida, que es el espectáculo que me parece más triste para un ser humano.

Mario Vargas Llosa

Fuente de la imagen,BBC Mundo

Pie de foto,La novela "La ciudad y los perros" de Vargas Llosa fue la que dio inicio al boom de la literatura latinoamericana. quizás el único movimiento literario de la historia que ha producido dos premios Nobel: Gabriel García Márquez y el propio Vargas Llosa.

¿O sea que todavía podemos esperar una "Fiesta del chivo" o una "Guerra del fin del mundo"?

Pues ojalá (risas). Bueno, acabo de terminar una novela, estoy todavía corrigiendo un poquito, pero ya está prácticamente terminada. Y espero que no sea la última (risas).

Creo que en América Latina no se ha escrito mucha ficción sobre la vejez. Quizás lo más destacado sea "El amor en los tiempos del cólera", que -pienso que no por casualidad- es la obra más popular de García Márquez en el mundo anglosajón, incluso por encima de "Cien años de soledad"...

Tiene usted razón, estoy tratando de recordar novelas dedicadas a la vejez. No hay muchas... Hay viejos en las novelas, pero suelen ser personajes más bien secundarios, un poco de paso.

Pero una novela enteramente centrada en la vejez... Estoy recordando una novela de un escritor venezolano, Adriano González León, que se llamaba "Viejo" (1994). Es dedicada a la vejez y de una manera muy conmovida, la escribió un poco cuando estaba ya en decadencia física, no mental, porque la novela está muy bien escrita.

Es una de las pocas que recuerdo.

Cuando tenían 80 años, dos de las mentes más lúcidas del siglo XX en América Latina, Octavio Paz y Carlos Fuentes -a quienes usted conoció muy bien-, manifestaron estar perplejos ante el mundo que los rodeaba... No lo entendían. Y eso fue antes de la llegada de Donald Trump al poder y del ascenso de los nacionalismos y el populismo de extrema derecha... ¿A usted el mundo de ahora le causa perplejidad?

Hombre, digamos que uno puede sorprenderse mucho, pero... Uno tiene ese maravilloso instrumento que es la razón, ¿no es verdad?, que nos permite aprehender aquello que está detrás de lo sorprendente, lo excepcional, lo misterioso.

La historia de la humanidad es justamente haber ido desvelando todos estos misterios poco a poco, llegando a lo recóndito de la realidad, de la experiencia humana.

Carlos Fuentes

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,En su libro de conversaciones con el expresidente chileno Ricardo Lagos, "El siglo que despierta", Carlos Fuentes confesó sentir perplejidad ante el mundo actual.

No creo que nuestra época sea una de las peores de la Historia ni muchísimo menos.

Recuerdo la última conferencia que dio Karl Popper la Universidad Menéndez y Pelayo, en España, pocos meses antes de morirse.

Yo estuve allí porque lo admiro muchísimo, y en una conferencia de prensa en la que los periodistas le hablaban de los horrores de nuestra época, él dijo: "sí, en nuestra época pasan cosas terribles, pero cuando ese pensamiento nos asalte, piensen al mismo tiempo que nunca hemos estado mejor. Nunca, en la larga historia de la Humanidad, hemos tenido tantas oportunidades. Los avances de la medicina, del conocimiento son tan extraordinarios que nos han permitido avanzar, derrotar enfermedades, derrotar al hambre, derrotar a lo que eran los grandes imperios donde los seres humanos eran objetos...".

Yo creo que eso es verdad. Hoy día estamos muchísimo mejor y por lo menos con instrumentos muchísimo más valiosos para enfrentar los desafíos que tenemos.

Ahora, que ocurren muchas... Por ejemplo, algo que ocurre en nuestra época que para mí es una verdadera sorpresa es el rebrote de los nacionalismos. Sobre todo en en Europa occidental, que probablemente es una región que ha padecido más que ninguna otra los estragos que causan los nacionalismos.

¡Las guerras mundiales fueron causadas por ellos! Y sin embargo están rebrotando, lo cual quiere decir que, por lo menos en ese campo, la experiencia acumulada no sirve de nada, que incurrimos en los mismos errores a pesar de saber que los nacionalismos son una fuente de violencia tan espantosa.

Y a veces en los países más civilizados, en los que parecerían vacunados contra esta recaída en los viejísimos errores.

Manifestación en Italia a favor del movimiento de Matteo Salvini.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Los movimientos populistas y nacionalistas de derecha, como el del ministro del Interior de Italia Matteo Salvini, han proliferado en Europa y otras partes del mundo.

Esa es una realidad de nuestro tiempo, pero la historia está llena de casos así. Lo cual significa que no debemos dormirnos nunca sobre nuestros laureles, que los problemas van a seguir surgiendo y muchas veces los mismos problemas a los que con la experiencia acumulada deberíamos responder de una manera más inmediata y enérgica.

Su último libro de ensayos, "La llamada de la tribu", es una especie de balance intelectual de la segunda etapa de su vida, cuando se vuelve liberal en el sentido clásico, y es un homenaje a siete autores que lo influyeron (como Adam Smith, Isaiah Berlin, Karl Popper u Ortega y Gasset)

Exactamente. Es un libro en cierta forma autobiográfico, porque he aprendido a través de esos pensadores (y otros, pero esos son los más importantes para mí), cuál es el tipo de mundo que está más defendido contra las injusticias, la precariedad, los abusos, la violencia.

Y yo creo que es la democracia en esa forma más extrema y radical que representan las ideas liberales. Hay muchos pensadores que han contribuido a eso, pero los que me marcaron más son los que aparecen en ese libro.

Ha habido críticas muy fuertes al liberalismo por su papel en la crisis actual. En Inglaterra, por ejemplo, está el filósofo John Gray que ha sido durísimo...

... Después de haber sido un gran liberal, porque él fue discípulo de Isaiah Berlin, sobre quien escribió un libro muy interesante. Pero yo no creo que sean verdad (las críticas).

El liberalismo está asociado a la idea de la libertad y creo que la defensa de las libertades es algo absolutamente esencial... Hombre, que hay liberales que han llegado a ser sectarios, pues sí, se da.

Hay quienes creen que el mercado resuelve todo, yo no creo eso, ni muchísimo menos, ni creo que sea la esencia del liberalismo.

El liberalismo da una gran importancia a la vida económica, pero de ninguna manera piensa que sea lo esencial. Para el liberalismo lo esencial son las ideas, los valores y dentro de ellos la idea de la libertad es absolutamente esencial. Una idea que no se puede disociar, dividir o fragmentar.

La libertad, según los liberales, es una sola y debe darse simultáneamente en el campo económico, político, social, individual. Y que todo lo que signifique mayor libertad es bueno para el conjunto de la sociedad.

John Gray

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,En una entrevista para la revista mexicana Letras Libres, el filósofo inglés John Gray dijo: "Uno de los rasgos principales de la política contemporánea es que los liberales niegan su responsabilidad en el ascenso de los movimientos iliberales a base de alinearse de manera acrítica con la globalización. Los liberales han creado las condiciones para el iliberalismo".

Dicho esto, las divergencias dentro del pensamiento liberal son muy grandes. Basta asistir a cualquier congreso o reunión de liberales para saber que los puntos de vista no pueden ser más divergentes.

Pero lo que es interesante en el caso concreto del "padre del liberalismo", como se le llama a Adam Smith, es que era un hombre pragmático, de ninguna manera actuaba con una visión inflexible de las ideas. Lo que sí tenía era una especie de motivación, la lucha contra la injusticia era absolutamente fundamental.

Según él, la mejor manera de realizar esas reformas era adaptándose a las posibilidades reales, de tal manera que cada país no podía adoptar la misma receta de la misma manera si quería disminuir la violencia.

Yo creo que es una característica del liberalismo que ha sido más fecunda en las democracias que lo han aplicado.

Si uno cree en la libertad, si uno cree en las instituciones democráticas, en los derechos humanos, si uno es sensible a la miseria, a la injusticia, a la igualdad de oportunidades, pues yo creo que es un liberal. Lo sepa o no.

En estos momentos, a sus 83 años, ganador del premio Nobel de literatura, uno de los grandes escritores latinoamericanos de todos los tiempos... ¿le preocupa la posteridad, la inmortalidad, le preocupa cómo va a ser recordado?

No me preocupa tanto. He hecho muchas cosas en la vida...

Hombre, si pudiera elegir, me gustaría ser recordado fundamentalmente como escritor, aunque uno no sabe en qué forma va a ser recordado., si es que va a ser recordado.

Tampoco es una preocupación central. No trabajo yo para la muerte, trabajo para la vida.

Esta entrevista fue realizada en ocasión del 'Nobel Prize Dialogue', que se realizó en Madrid este 22 de mayo.



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