Discurso del Dr. Marco Martos Carrera, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua y Decano de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.- (17 de Abril 2001)
Estricta justicia a su obra literaria
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos hace hoy un alto en sus labores habituales para incorporar como Doctor Honoris Causa a Mario Vargas Llosa, uno de sus más conspicuos ex alumnos, y al hacerlo cumple un acto de estricta justicia poética que honra tanto al ilustre escritor como al propio claustro.
Desde el momento mismo que el Perú existe como país o como posibilidad, ha ofrecido al mundo destacadas individualidades que nos representan bien en los distintos campos de las ciencias y las letras. No es azar que los más notables entre ellos estén vinculados a San Marcos. Nombres como los de Alcides Carrión en medicina, julio C. Tello en arqueología, o Raúl Porras en historia, han saltado los estrechos círculos de los especialistas y se han convertido en patrimonio común para todos los peruanos. Así ocurre con Mario Vargas Llosa.
Dentro de las distintas actividades del ser humano, la literatura es un territorio particularmente privilegiado. Como cualquier otra actividad, exige, a quienes se entregan a ella, disciplina y talento. Conocer los secretos de su elaboración cabal, despiadada y avasalladora, seduce a quienes se aficionan de verdad a su creación, los hace, al mismo tiempo, más libres como ciudadanos y más dependientes como orífices de una tarea ímproba que no termina sino cuando fina la propia vida. Esos códigos de elaboración de la materia literaria son milenarios y están en constante reelaboración. Las técnicas que utiliza un dramaturgo para escribir una pieza hoy día, se parecen y se diferencian de las que utilizó Sófocles cuando pergeñó el Edipo rey hace dos mil quinientos años. Pero si la literatura exige mucho a quienes la cultivan, se abre con alguna facilidad a una gran proporción de la humanidad porque se conecta de modo claro con la vida de todos los hombres, con sus necesidades básicas principalmente, con sus sueños.
En el Perú tenemos un manojo de escritores que han expresado en su literatura las porciones de la realidad vivida o imaginada que mejor conocían y que haciéndolo tocaban no solamente las fibras más íntimas del ser de los peruanos, sino que, al mismo tiempo, expresaban realidades y sueños de los hombres de cualquier latitud. Cuando decimos Inca Garcilaso de la Vega, Picardo Palma, Manuel González Prada, César Vallejo, José María Arguedas, estamos simultáneamente señalando la región y el país que los vieron nacer y los formaron, rendimos homenaje también a la lengua castellana, esa otra patria en la que nos reconocemos, y también a esa capacidad hermosa de llegar a todos los rincones de la tierra a través de la palabra escrita. Esas mismas calidades, hoy, San Marcos, en este claustro pleno, se las reconoce a Mario Vargas Llosa. Verdad es que el mundo entero lo ha hecho ya desde hace décadas, pero tiene un sentido simbólico que la casa de estudios donde se formó, que infelizmente muchas veces ha sido una federación de facultades, se junte en un solo haz como anunciando un tiempo nuevo, y exprese en forma unánime este sentimiento compartido por profesores, alumnos y trabajadores.
La formación de los escritores que consiguen con el paso del tiempo características excepcionales que los hacen no solamente los mejores portadores del aire de su tiempo, sino que ingresan al canon literario convertidos en clásicos, siempre provoca curiosidad y controversia, como si la dilucidación de esos detalles biográfico-literarios, pudiera ofrecernos claves para comprender el origen de una vocación arraigada. Quienes nos consideramos fanáticos de la literatura sabemos bien que no es así, que ni siquiera un estudioso de la mente como Sigmund Freud, que tanta importancia dio a los años de la infancia en la vida de los individuos, pudo llegar a conclusiones válidas sobre el origen del talento científico o artístico. Una conclusión modesta es que hay personas que consiguen mejores logros y que sus biografías no se diferencian mucho de las biografías de otros. De todas maneras, los padres, la familia nuclear, la familia extensiva, el país, la lengua, dejan marcas nítidas en el trabajo de quienes son excepcionales. Ellos saben, de un modo intuitivo, y no siempre saben explicarlo, cómo amalgamar sus circunstancias personales para llevar una vida que les permite ofrecer productos notables en la ciencia o en el arte. Mario Vargas Llosa, en esa especie de autobiografía que es El pez en el agua (1993) ha señalado no solamente las complejas relaciones con su propio padre, sino también la importancia que tuvieron en su formación numerosas figuras paternas, sus profesores, desde Carlos Robles Rázuri, el profesor de lengua y literatura del colegio San Miguel de Piura, pequeño, magro, atildado, castizo, testigo directo de la producción de la primera obra literaria pública del que luego sería afamado novelista, la obra dramática La huida del inca que se estrenó en el teatro Municipal de Piura, hasta sus profesores universitarios, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Puccinelli y Augusto Tamayo Vargas, vinculados de modo entrañable a la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En la soledad de las bibliotecas, William Faulkner, y lejos, gracias a una beca fugaz, en el primer viaje a Francia, la búsqueda de Jean Paul Sartre, el célebre autor de La náusea, el modelo literario de Vargas Llosa en esos años, y el encuentro con Albert Camus, en la puerta de un teatro. Es difícil transmitir a otros, lo que siente un escritor en cierne cuando conoce a un monstruo de la literatura como el escritor argelino de madre española, con el que Vargas Llosa pudo conversar fluidamente. Es lo mismo que hoy puede experimentar un joven que comienza, hablando con Vargas Llosa en una noche como ésta. Y refiriéndose a presencias raigales, puede decirse que en toda la literatura de Vargas Llosa, junto a una originalidad que nadie discute y que muchos alaban, conviven como sombras benéficas, Sartre y Camus, amigos y antagonistas en la literatura, la política y la vida. En esos años de formación, los amigos más cercanos, Luis Loayza, Abelardo Oquendo, Félix Arias Schereiber, Javier Silva Ruete, cumplieron el papel fraterno y entrañable de quienes emprenden juntos aventuras literarias como la redacción de la revista Literatura en 1958, Loayza y Oquendo, o la militancia política, Arias Scherciber, o una complicidad diaria forjada en el colegio San Miguel de Piura, Silva Ruete.
¿Qué le dio San Marcos a Vargas Llosa? Nadie mejor que él mismo para señalarlo. Podemos, sí, precisar en general lo que ofrece a quienes se acercan a sus claustros. Desde su fundación la universidad fue el lugar intelectual por excelencia del país. Vinculada inicialmente a la teología fue el escenario de inacabables discusiones y disputas entre los miembros de las diferentes órdenes religiosas ansiosas de graduar a los suyos y de dificultar a los adversarios ese mismo derecho. Pero poco a poco fue mostrando el perfil que hasta hoy la caracteriza: un lugar de encuentro de todos los sectores sociales, un espacio de libertad que estimula los logros individuales.
De manera particular, durante el siglo XX, San Marcos ha sido un bastión de rebeldía contra toda forma de imposición, un lugar de debates científicos y políticos, un espacio propicio para las amistades definitivas. Quienes conocen y han vivido dentro de otras instituciones universitarias del Perú y un día llegan a San Marcos, experimentan asombro. Es el humus de la libertad que circula por los claustros, la posibilidad real de alternar que tienen personas de distintas generaciones, lo que encandila y seduce, la seguridad que se adquiere pronto, de que la universidad será un ambiente propicio para nuestros proyectos personales; más tarde nos damos cuenta de que realizando nuestros sueños, tenemos la opción plena de devolver algo a la institución que nos ha formado. Para hablar sólo de escritores, durante el siglo XX han sido sanmarquinos Abraham Valdelomar, César Vallejo, quien estudió medicina y letras, Martín Adán, José María Arguedas, Emilio Adolfo Westphalen, Blanca Varela, Carlos Germán Belli, Pablo Guevara, Wáshington Delgado, Leopoldo Chariarse, Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza.
Para Mario Vargas Llosa, el correlato literario de sus años efervescentes de estudiante de la Universidad de San Marcos, es la novela Conversación en la Catedral de 1969, calificada por la crítica como la más ambiciosa y la más compleja de las obras de su autor, su más perfecta "novela total" donde pululan más de un centenar de personajes, ciento veinte exactamente, según el recuento de Rosa Boldori, que es un gigantesco fresco que abarca la época de la dictadura del general Manuel Odría desde 1948 hasta 1956. Balzac había dicho, y Vargas Llosa le toma la palabra, que la novela es la historia privada de las naciones. La historia sus obligaciones (sesiones de firma, entrevistas televisadas) y sus recompensas (los premios). Dice también Lefort que con la pluma en la mano Vargas Llosa se transforma en una soberbia máquina narrativa que obedece a dos principios: el realismo de la ficción y el sacrificio de cualquier otro criterio que no sea el de la solidez del hilo narrativo, el mismo que atraviesa las situaciones más diversas y los puntos de vista más opuestos. Lo real es el terreno y el humus en el que se describe la historia contada y el relato se desarrolla por lo general, mediante un impresionante virtuosismo en el dibujo de los episodios como en El hablador de 1986, en el trenzamiento de las intrigas como en Lituma en los Andes de 1993, e incluso en el contrapunto gramatical como ocurre en Los cachorros de 1967.
Pareciéndonos verdaderas, las opiniones de Lefort necesitan matizarse y comentarse. El empleo regular del tiempo en largas sesiones de escritura ha sido siempre una característica de los escritores más destacados, desde Ovidio y Dante, hasta Balzac y Proust, Tolstoi y Dostoievski. Las obligaciones concomitantes que exige la industria editorial contemporánea, son asumidas de distinta manera por los escritores. Por su conducta parece ser que Vargas Llosa las asume con menos incomodidades que otros colegas suyos. En todo caso, la disciplina con que emprende su tarea, puede que desde fuera se semeje al trabajo de una máquina, pero la afirmación hay que tomarla como un grano de sal porque felizmente todavía no hemos llegado a la situación en que las maquinas produzcan excelentes relatos. La afirmación desconoce, por otro lado, la pasión, el sufrimiento, la incertidumbre, el combate, que significa diariamente, la página en blanco para el escritor de raza. No, definitivamente no. Vargas Llosa no es una máquina de escribir novelas. Desde el punto de vista formal, pareciera que estuvo interesado desde muy joven en la vocación del escritor y ésa es una de las claves de su desarrollo literario posterior. Elegir la inclinación literaria de Rubén Darío como tema de tesis de bachiller en nuestra universidad es un primer indicio de adonde apuntaba. A fines del siglo XIX Rubén Darío se convirtió en el escritor más visible de la renovación literaria en América Latina. Innovador, principalmente en poesía, fue también dueño de una prosa bien labrada, como puede verificarse leyendo sus cuentos en el libro Azul o su texto de retratos literarios Los raros Darío fue en su época un escritos que aspiraba a la totalidad, como César Vallejo, década más tarde.
Vallejo, un poeta que es orgullo de la lengua castellana, fue cuentista, novelista, dramaturgo, ensayista, periodista. De parecida manera Mario Vargas Llosa, novelista destacadísimo, ha cultivado casi todos los géneros, parcelas técnicas que los críticos y metodólogos ofrecen a los escritores para mejor clasificarlos. Empezó, como es sabido, como dramaturgo, con la pieza muchas veces citada y nunca leída. La huida del inca y se ha mantenido fiel a ese modo directo de comunicación con el público a través de obras como La señorita de Tacna de 1981 o Kaibie y el hipopótamo de 1984 o La Chunga de 1986. Recientemente Luis Peirano ha dicho que Mario Vargas Llosa es un, joven autor de teatro, joven y experimentado podríamos añadir quienes amamos las tablas y apreciamos sus logros escénicos. La cercanía de Mario Vargas Llosa con la poesía también es demostrable y puede documentarse tempranamente, pues para la revista Literatura, tradujo con Luis Loayza dos poemas de Robert Desnos y escribió un artículo sobre César Moro. Más tarde, en 1966, cuando recibió el premio Rómulo Gallegos en Caracas, hizo referencias muy precisas a Carlos Oquendo de Amat, el límpido poeta puneño, y en 1989 publicó una traducción de Un coeur sous une soutane, Un corazón debajo de una sotana de Arthur Rimbaud. A través de citas en sus libros, o de artículos y ensayos, Mario Vargas Llosa ha señalado su aprecio especial por la poesía de Carlos Germán Belli. ¿En esta enumeración se agotan las relaciones de Vargas Llosa con la poesía? De ningún modo. Es cierto que no es un poeta en el sentido más estricto y canónico, pero ha logrado en la prosa efectos que no pueden sino llamarse poéticos y que están alejados de esa edulcorada prosa poética que resulta poco menos que detestable para el gusto contemporáneo. La economía del lenguaje, por ejemplo, es una virtud que atribuimos a la poesía, la rapidez y la transparencia de la dicción, la facilidad para describir con trazos rápidos situaciones para pasar a otras igualmente interesantes es característica de la vieja épica que hereda la mejor novela. Basta recordar el caso de Alonso de Ercilla en La araucana. La prosa de Vargas Llosa es dinámica, como un sostenido poema. Según Lefort, el dinamismo de la narración induce a la imagen de la doble espiral de la molécula de ADN, otorgándole así, la representación genética que le conviene. Si las fantasías de] escritor --continúa- corresponden a zonas ocultas de su personalidad, resulta claro que la aplicación de recursos estéticos que gobiernan su creación novelística proviene de una clara conciencia y de un brillante ingenio según un arte de esencia plástica.
Lo mejor que puede decirse de los ensayos de Mario Vargas Llosa es que se leen como novelas. Los profesores de literatura de San Marcos y los de cualquier universidad del mundo, se lo agradecemos. Pocos estudiosos hay que tengan una prosa tan cautivante, fluida y amena. De modo particular, conviene señalar el fulgor de La orgía perpetua, el libro que sobre Gustave Flaubert y Madame Bovary escribi6 en 1975 o el conjunto de ensayos La verdad de las mentiras de 1990 o Las cartas a un novelista de 1997.
Otra rama de la comunicación despertó un temprano interés en Mario Vargas Llosa. Como no cabía de otro modo, convirtió el periodismo en literatura. La relación de los escritores con el periodismo es azarosa. Hay algunos que le temen como a la peste, hay otros que lo frecuentan a escondidas, casi con vergüenza, y por fin, los hay quienes consideran que el periodismo es una escuela a la que hay que acudir un tiempo para luego abandonar. Este último caso es el de Hemingway. Vargas Llosa pertenece a un cuarto grupo, al de los periodistas de raza como Abrabam Valdelomar a principios del siglo XX, como Federico More, como Sebastiàn Salazar Bondy o como Carlos Ney Barrionuevo. Grupo privilegiado que da dignidad a la prosa rápida, que no encuentra razones para escribir cuartillas desmañadas. Esta relación de vasos comunicantes entre literatura y periodismo, tiene además, en la escritura de Vargas Llosa, otro componente, otra presencia, la del cine. Ese vértigo prodigioso de sus diálogos, llenos de contra-puntos, que apreciamos en casi todas sus novelas y que vuelve a aparecer de un modo nítido en La fiesta del chívo, la última de las novelas publicadas, tiene mucho de la novela verdad que cultivó Truman Capote. En esa elección, Vargas Llosa va con los tiempos.
La prosa periodística de Vargas Llosa, desde sus años juveniles, cuando era colaborador del diario "La industria" de Piura, hasta hoy día que figura como columnista de numerosos periódicos en muchas capitales del mundo, ha ido evolucionando, adquiriendo más consistencia y densidad. La gama de sus intereses se ha ido haciendo más variada, pero así mismo tiene constancias, que junto con las virtudes de la escritura que le son características, le confieren un permanente interés que continúa "contra viento y marea", título de una colección de sus artículos periodísticos. Y esas constancias son éticas y cívicas que pueden resumirse en una frase: la búsqueda del bien común de la sociedad contemporánea. Como Goethe, como Terencio, para Vargas Llosa, nada de lo humano le es ajeno.
Dwigth McDonald, hacia 1930, hizo la distinción, hoy clásica, entre cultura de vanguardia o alta cultura, cultura media y cultura de masas. En pocas palabras, la primera tiene su origen en el renacimiento y es la que produce las innovaciones artísticas y proyecta una sombra sobre el arte posterior, lo influye y lo vivifica.
La cultura media constituye una parodia, una falsificación; tiene, en el caso de la literatura, un lenguaje intencionalmente artificioso tendente al lirismo, una intención demasiado explícita de presentar personajes "universales", pero de una universalidad alegórica y manierista. La cultura de masas difunde productos de nivel ínfimo y de nulo valor estético. Umberto Eco, según la entrelínea de lo que escribe en su libro Apocalípticos e integrados, considera hasta cierto punto más dañino para el consumidor de productos culturales a la cultura media. La cultura de masas, en la que estamos inmersos, paradójicamente permite la difusión de algunos productos de primera calidad, que pertenecen a la cultura alta, a la vanguardia. Y eso es lo que ocurre con las columnas periodísticas de Mario Vargas Llosa.
Esa alta cultura que nace con el Renacimiento y que llega hasta nosotros, genera en cada época y en cada circunstancia a un tipo especial de artista que no solamente consagra toda su vida a convertirse en un virtuoso de su arte, sino que participa activamente de la vida de su comunidad. Si el ideal renacentista era el cortesano tal como lo pintó Baltazar de Castiglione, el individuo que ora tomaba la pluma, ora tomaba la espadaora dondoneaba la vihuela, ora conversaba con las damas, el ideal contemporáneo es el de un artista que no descuida sus deberes cívicos de ciudadano.
Los méritos literarios de Mario Vargas Llosa que con trazo rápido se han señalado en esta exposición, serían razón suficiente para concederle el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero queda todavía señalar otro merecimiento tan valioso como los anteriores: el coraje cívico, la capacidad de ver claro en estos años sombríos para la sociedad peruana, el deber autoimpuesto de difundir a través de columnas periodísticas, de declaraciones y conferencias, la naturaleza perversa y nefasta de un régimen político basado en conductas reprobables sistemáticamente organizadas. Y lo más importante es que no se trata de una actitud coyuntural, en favor de una bandería determinada, sino de una constante ética que tiene que ver con la educación familiar, la formación universitaria y las opciones de vida tomadas desde la juventud. Mario Vargas Llosa es uno de los oficiantes de la catarsis profunda que empieza a vivir el Perú. Se lo agradecemos de todo corazón.
Este es el momento justo para reconocerlo desde nuestra casa de estudios. San Marcos ha sido y es, incluso en sus momentos más complejos, un nido de inquietudes, una plaza de victorias, como escribió el poeta Juan Gonzalo Rose. Y así como el país entero vive una expectativa democrática, San Marcos más que una historia de la que nos enorgullecemos leyendo las páginas de Luis Antonio Eguiguren o las que ahora pergeña Miguel Maticorena, más que por la calidad de sus alumnos y profesores, imposible de negar, incluso por los profesionales de la diatriba, mas que un presente que necesitáramos conservar, es una víspera, una flecha lanzada al porvenir de miles y miles de esperanzas. Somos esa flecha, como Moisés con los suyos en el desierto, buscamos la tierra prometida, encontramos satisfacción en esa lucha, en ese combate, viajamos como Ulises, nos intemamos en lo desconocido.
Queremos, sí, que nuestro futuro sea construido en democracia, que nadie silencie la voz de los estudiantes, pero que nadie silencie tampoco la voz de los profesores y trabajadores, que la indispensable búsqueda de consensos para ir fijando en cada caso el bien común, no dificulte el funcionamiento diario de la universidad; que el claustro sea un lugar de confrontación de ideas, de exposición de programas, de investigación en todas las disciplinas que cultiva la institución, que San Marcos refuerce su condición de vanguardia intelectual del país. Para que todo esto ocurra, necesitamos de muchos esfuerzos, empezando por los que pongamos profesores, estudiantes y trabajadores, pero necesitamos también de la comprensión del conjunto de la sociedad y de los organismos del Estado que tienen que variar radicalmente su política frente a la universidad pública. No queremos un país exclusivamente exportador de materias primas. ¿Dónde si no en la universidad puede hacerse investigación básica? ¿Qué universidad aparte de San Marcos puede abarcar investigaciones en tantas ramas, tales como Medicina, Física, Química, Veterinaria?
Dr. Mario Vargas Llosa, los profesores, alumnos y trabajadores de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en especial los de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, sentimos íntimo regocijo en este día en que usted ha aceptado recibir esta distinción de la Universidad, nos sentimos reconfortados con su presencia, anhelamos que en otras ocasiones en las que se encuentre en Lima, venga a nuestro auditorio y a nuestros salones de clase para dirigir su palabra amigable a nuestros estudiantes y profesores.
Hablando de dos ilustres escritores, Franz Kafka y Samuel Beckett, Harold Bloom señalaba que son portadores de algo indestructible, algo que permite seguir adelante, cuando ya no se puede seguir adelante. Eso indestructible, agregamos, que los lectores de Beckett o de Kalka saben descubrir en la densidad o en la ligereza aparente de sus escritos, reside también en todos los seres humanos, como una esperanza o una búsqueda. De la misma manera, la voluntad de durar, de ser mejores, es trasladada por los hombres a sus instituciones. Permanecer en el tiempo es un mérito no desdeñable. Esa virtud la tiene la Universidad de San Marcos. De la misma manera, la acendrada vocación literaria, humanística, ética, de Mario Vargas Llosa, ha permanecido inalterable a lo largo de décadas, y en una noche como ésta no hemos hecho sino remarcarla, ponerla en el primer plano de la atención pública.
Por lo dicho hasta aquí, y por lo que queda tácito, en este momento de reencuentro entre un gran escritor y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que lo formó, solicito a usted Señor Rector, tenga a bien imponer la insignia al Señor Doctor Mario Vargas Llosa, y entregarle el Diploma que lo acredita como DOCTOR HONORIS CAUSA de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
sábado, 9 de octubre de 2010
VARGAS LLOSA: ITINERARIO DE UN HIPOPOTAMO
Por Miguel Godos Curay
La sede de la casa museo O’Higgins, en pleno centro de Lima, es diariamente visitada por centenares de curiosos, turistas y admiradores de Vargas Llosa. Ahí se muestra con profusión de fotografías y valiosos documentos personales la génesis del escritor. Se recrean en cada uno de los ambientes de la espaciosa casona los escenarios de sus obras. Una alcoba austera del Leoncio Prado el escenario de “La ciudad y los perros”. Un bohío selvático con su hamaca en la penumbra que recuerda a “Pantaleón y las visitadoras”. Los hipopótamos cuyas imágenes le seducen siempre. Todo recogido con una crinográfica curiosidad que muestra las libretas, los apuntes, las fichas minuciosas de ese ritual de la palabra propio del escritor.
Vargas Llosa. Admítanlo o no sus denostadores es un escritor peruano que brilla en el firmamento planetario de las letras y la política. Está entre los escasos veinte personajes públicos reconocidos e influyentes en el mundo. Con o sin el Nóbel es un valor peruano que nos enorgullece. Particularmente, a los piuranos, nos ha inmortalizado en esa caracterización tan genuina de lo que realmente somos. Un desafío del desierto inhóspito. Un hazaña entre los chopos calcinados al filo de las carreteras y ese oasis poblado de algarrobos verdes. Cuya aroma recuerda la santa tierra. Dulces tan exóticos como los bocadillos, las colasiones, las natillas y el quesillo de cabra nutritivos pero esquivos a los mafiosos de los programas vaso de leche que lo pulverizan todo para llenar sus bolsillotes de desnutrición infantil.
Vargas Llosa, tiene ese privilegio misterioso de haber capturado ese momento bullente de le economía piurana en donde las alforjas repletas de panllevar, olorosas frutas y fríjoles, conducidas en grises piajenitos, atravesaban los callejones calenturientos de la ciudad hoy arruinada por la desidia. El pima era una mostración visible de la fugaz prosperidad. Por eso no dejábamos de ser pecadores solemnes en lupanares legendarios como los que describe la Casa Verde. En aquel entonces las orgías eróticas eran matizadas previamente con tributos al paladar: piqueos olorosos, secos de chavelo gloriosos, cachemas fritas crocantes en las ramadas humeantes. Potazos de chicha y potitos de clarito que no se embotellaban como ahora. Ramadas memorables en donde pizpiretas y chuchumecas con nombres de flores perdurables daban vida a romances alucinantes bajo es sol nunca devaluado de los piuranos y esa luna que iluminaba las insomnes faenas de los tejedores de sombreros. Esa Piura que se nos fue de las manos fue la que encontró Vargas Llosa.
La muestra, que se exhibirá hasta octubre habla por sí sola de las luchas libradas por el escritor en defensa de la libre expresión y su incursión en la política. Se ha incluido un pormenorizado itinerario que muestra desde un pasaporte hasta fotografías inocultables. Hay una en especial de su debut en el periodismo cuando aún era un colegial con muchas inquietudes juveniles pero sin mayores estridencias académicas. De su paso por la política quedan muchos testimonios y la no resuelta interrogante de ¿qué hubiera pasado en el Perú con Vargas Llosa frente a la Presidencia de la República. ¿Nos hubiéramos adentrado a todo trote en la modernidad?. ¿Se hubiese privilegiado la educación en el país? ¿ Hubiese tenido el escritor el coraje de enfrentarse a la corrupción?. ¿Estaba el Perú preparado para tener como conductor de la nación a un intelectual de la talla de Vargas Llosa?. Después de probar la dictadura nauseabunda de Fujimori, al que con una ceguera insoportable muchos admiran. No sabemos ¿cuál hubiese sido el destino del Perú?. Las ucronías en política son como esa definición certera de lo que es el amor: “dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere”. En efecto. Perdimos la posibilidad de intentar un cambio de rumbo al lado de una liberal inteligente con estatura propia. De la honestidad de Vargas Llosa no hay ápice de dudas. Su sinceridad inclaudicable y su integridad no tienen punto de quiebre. De eso no hay dudas. Así lo confirman quienes gratuitamente lo detestan pero también quienes con sinceridad lo admiran.
(11.05.2009)
EL MUNDO EN QUE VIVIMOS

Por: Mario Vargas Llosa, Escritor
Diario “El País”, Marbella, Agosto 2009.
El filósofo francés Michel Foucault llegó a la deprimente conclusión de que “el hombre no existe”, que cada ser humano no es sino una larga secuencia de simulacros variopintos hechos, deshechos y rehechos por las circunstancias variables de la realidad en la que transcurre su existencia. Todavía más audaz, y acaso más frívolo, Jean Baudrillard fue más lejos y concluyó que aquello que creemos la realidad cuando abrazamos al ser amado o sopamos la pluma en un tintero, tampoco existe, porque la verdadera realidad en la que vive el bípedo contemporáneo no es el mundo que cree pisar sino las imágenes que fingen reflejarlo y que no son sino las interesadas y manipuladas versiones que dan de él los medios audiovisuales al servicio de los poderosos de este mundo.
Estas divertidas, brillantes y falaces fabricaciones intelectuales —así las creía yo al menos— acaban de recibir un sorprendente respaldo, una indicación concreta de que si las cosas no son así todavía, podrían llegar a serlo pronto, dadas las inquietantes características que va adoptando, aquí y allá, la civilización que nos rodea. Voy a referirlo a mi manera, que no es la del filósofo, claro está, sino la, más modesta, de un contador de historias. Trasladémonos, allende el Atlántico, al centro de la Amazonía, hasta Manaos, capital del Estado brasileño de Amazonas, famosa porque, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, fue uno de los centros principales del “boom” del caucho, del que queda como recuerdo una ópera barroca donde cantó —o se dice que cantó— Caruso.
Hasta hace relativamente poco tiempo el rey de la pequeña pantalla, en Manaos y toda la vasta región amazónica, era un periodista y productor llamado Wallace Souza, que, fiel a su nombre detectivesco, dirigía en la televisión local un programa policíaco llamado “Canal Libre”. En él se ventilaban, con descarnado realismo, los crímenes, asaltos, violaciones y demás ferocidades cotidianas, con que, tanto en Brasil como en el resto del mundo, los canales de televisión suelen asegurar su codiciado ráting halagando el morbo y los peores instintos del gran público televidente.
El éxito del programa era tal que Wallace Souza se hizo célebre y decidió, aprovechando la popularidad de que gozaba, saltar del periodismo audiovisual sensacionalista y truculento a la política (ambos no están tan lejos, después de todo). Lo consiguió con rapidez vertiginosa: en las últimas elecciones salió elegido diputado con la más alta votación en todo el Estado de Amazonas. Este es el momento de máximo apogeo en la carrera pública de Wallace Souza, personaje fortachón, mostachudo y barbado, de ternos entallados y, según la prensa, gesticulador y carismático.
Cambio de escenario, dentro de la misma exótica y asfixiante ciudad amazónica. La policía local detiene a un rufiancillo del lugar, ex policía y asesino a sueldo, de apelativo pomposo: Moacir Moa Jorge da Costa, sospechoso de un rosario de fechorías y hechos de sangre, entre ellos asesinatos. Interrogado y ablandado con los métodos que no es imposible imaginar, confiesa. Sí, ha matado, pero no por maldad ni por codicia, sino profesionalmente, por encargo del flamante diputado y estrella mediática de la Amazonía: ¡Wallace Souza! Después de sacudirse el trauma que semejante revelación les produce, los investigadores comienzan a atar cabos y las piezas encajan, como en un rompecabezas.
Todos los crímenes que ha cometido o en los que ha participado Moacir Moa Jorge da Costa figuraron de manera estelar en los programas de “Canal Libre” y, en todos ellos, las cámaras ubicuas y omniscientes del diputado llegaron al lugar del crimen al mismo tiempo que los asesinos.
La investigación produce este pasmoso resultado: Wallace Souza llevaba a cabo espeluznantes crímenes con el único designio de poder filmarlos antes de que lo hiciera alguno de sus competidores, para obtener las primicias que tenían enganchada a la vasta teleaudiencia a la que alimentaba en cada programa con sangre, verismo y pestilencia a raudales. Para ello, había montado toda una infraestructura de colaboradores, diestros en la pistola y el cuchillo, seleccionados entre las propias fuerzas de la policía a la que —otra revelación— había estado asimilado.
Quince de ellos están ya en los incómodos calabozos de Manaos, pero no el héroe del macabro aquelarre, pues, siendo legislador y gozando de impunidad, la Asamblea Legislativa tiene antes que despojarlo de aquella para que pueda ser encarcelado y juzgado. ¿Lo será? Paciencia: lo dirá el futuro, y con abundancia de derivaciones y detalles, porque mi instinto me asegura que esta historia tiene para mucho rato.
Hasta aquí los hechos objetivos. Ahora, las conjeturas, acápites y especulaciones. Desde el punto de vista ético ¿cómo juzgar a Wallace Souza? Es imposible negar que tenía una conciencia profesional desmesurada. Delinquió, sí, pero con la noble intención de servir a su público, de no defraudarlo, de seguir suministrándole aquel horror sanguinario que era su alimento preferido, lo que llevaba a todo Manaos a prender el televisor y buscar “Canal Libre” con la ansiedad con que escarba su cajetilla el fumador o se lleva el trago a la boca el alcohólico.
¿Tiene Wallace Souza la entera responsabilidad de haber llegado a esos excesos punibles o la comparte con la miríada de morbosos, subnormales, pervertidos e imbéciles a los que ver mujeres desventradas, chiquillos decapitados, ancianos degollados, arreglos de cuentas de pandillas que se tasajean y entrematan hace pasar una noche divertida?
No es difícil, para cualquier aficionado a la esgrima intelectual, demostrar que Wallace Souza es un producto del siglo XXI, en el que la cultura predominante, en gran parte por la miseria que ha generado la televisión en su frenética carrera por conquistar audiencia escarbando en las sentinas de la vida, destruyendo la privacidad, explotando sin el menor escrúpulo las experiencias más indignas y degradantes, ha pulverizado todos los valores, trastocándolos, de manera que “divertir”, “entretener”, ha pasado a ser el valor supremo, la prioridad de prioridades, aunque, para conseguirlo, como hizo Wallace Souza, haya que disparar y hundir puñales en el prójimo.
Desde este punto de vista, asesino y todo, el director y productor de “Canal Libre” es un héroe, o un mártir, de la cultura que, con ayuda de la prodigiosa revolución audiovisual, hemos fabricado para nuestra época.
Desde otro punto de vista, el del “principio de realidad” pascaliano, hago mi autocrítica y reconozco que lo ocurrido en Manaos convierte las teorías (que antes me parecieron delirantes y sofistas) de un Foucault y un Baudrillard en algo que empieza a tener confirmación objetiva en este extraordinario mundo que nos ha tocado.
Si Wallace Souza cometió esos crímenes solo para convertirlos en imágenes, es evidente que, para él y para sus espectadores —aunque estos fueran menos conscientes de ello que él— la realidad real era menos importante, meramente subsidiaria o pretexto, de la realidad reflejada por las cámaras, las que, con su perfecta adecuación a los gustos del público, la recomponía, purgaba y recreaba de tal modo que fuera algo que la realidad real lo es solo muy de cuando en cuando: excitante, terrible, divertida.
Wallace Souza es la primera demostración palpable de que el hombre no es una totalidad definida sino una materia modelable y cambiante, una melcocha o greda al que la dimensión imaginaria de la vida propulsada por el sistema educativo más universal y todopoderoso de la historia —las pantallas— va dando forma, realidad y cambiando al capricho de las modas.
Una última reflexión sobre las infortunadas víctimas inmoladas en el ara televisiva por los pistoleros a sueldo de Wallace Souza. ¿Cómo las elegía? ¿Con qué criterio? No se puede descartar que, si quedaba en él un residuo de escrúpulos morales de la época en que todavía era un ser humano, no uno de celuloide o plasma, las escogiera entre la ralea prostibularia, la fauna del ergástulo, para darse así una cierta coartada de justiciero.
Pero lo más probable es que no, que, para alguien tan teratológicamente identificado con su profesión, el único criterio consistiera en señalar a las víctimas privilegiando a las que tenían mayor poder de atracción televisiva. Y no hay duda que el asesinato de un truhán conmueve menos que el de una niña inocente, un ciudadano intachable o una señora embarazada.
¿No les gusta el mundo en que vivimos? Peor para ustedes, porque todo indica que ya no nos queda el antiguo recurso de apagar el aparato de televisión. Ahora, la televisión comienza a ser la vida misma y, nosotros, sus inexistentes comparsas.
MARIO VARGAS LLOSA: BALUARTE DE LIBERTAD

Discurso del Rector Edwin Vegas Gallo, en solemne ceremonia de otorgamiento del Doctorado Honoris Causa en la UNP (17.12.2002)
Mario Vargas Llosa- Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, hijo único de Ernesto y Dora nació en Arequipa el 28 de Marzo de 1936 anota el crítico José Miguel Oviedo. (1) En 1946 es alumno del Colegio Salesiano de Piura. Tras su paso por el Leoncio Prado retorna a Piura en 1952 para culminar la secundaria en el Colegio San Miguel. Piura tiene una significación entrañable en el joven escritor porque aquí también escribe en las páginas de La Industria con la confianza que le brinda su Director don Miguel Cerro Cebrián. En La Industria da cabida a todas sus inquietudes literarias. Escribe noticias a vuelapluma, pule entrevistas y redacta columnas sabrosas a las que titula “Buenos Días” y “ Campanario” con notas de palpitante actualidad. Es un año fructífero y fecundo en donde también como recuerda Jorge Moscol Urbina logra estrenar el 17 de julio de 1952 en el Teatro Variedades “ La Huida del Inca” obra teatral inspirada en un drama indígena el año anterior.
En las aulas de San Miguel a consecuencia de las protestas estudiantiles contra el Director Marroquín surge el relato “ Los Jefes” en donde fluye el relato con la fresca impronta del estilo periodístico. Fue en Piura en donde también en un cine recién inaugurado cerca de la Plaza de Armas en donde tuvo la primera impresión de Madame Bovary de Flaubert puesta en escena por Jennifer Jones en el papel de Emma y Rodolfo caracterizado por Louis Jordan. Todo esto es Piura en Vargas Llosa. Un hato de recuerdos, una experiencia humana intensa en donde como señala el crítico mexicano Tanius Karm
“...Piura facilitó al joven Mario la oportunidad de consolidar la naciente vocación literaria”. (2)
Toda vocación tiene esa dobla vertiente del deslumbramiento que descubre el cauce de la creación y al mismo tiempo de compromiso y pasión. Ser escritor es una vocación que arrastra y que corroe. Como bien precisa Doctor Vargas Llosa: “Nuestra vocación ha hecho de nosotros, los escritores, los profesionales del descontento, los perturbadores conscientes o inconscientes de la sociedad, los rebeldes con causa, los insurrectos irredentos del mundo, los insoportables abogados del diablo. No sé si está bien o si está mal, sólo sé que es así. Esta es la condición del escritor y debemos reivindicarla tal como es.” (3) . Doctor Vargas Llosa usted nos enseñó a arrebatar al poder el poder de la palabra.
La Universidad Nacional de Piura al conferirle el Doctorado Honoris Causa doctor Mario Vargas Llosa no hace sino reconocer la vocación y fecundidad del escritor y el noble y profundamente humano compromiso de un irreductible defensor de la libertad. La libertad no es solamente un valor que anima la vida de la sociedad sino un razón elemental para la civilizada convivencia. La libertad es también un desafío ético. Vargas Llosa sostiene: “ Hoy creo que la libertad es muy importante, es decir, es un ingrediente de la justicia, que es tan importante como la justicia y que la justicia debe estar íntimamente vinculada a la libertad; creo que el sacrificio de la libertad no se justifica en ningún caso...” (4)
Permita que piense en voz alta y señale que el itinerario de su vida es una reafirmación de la libertad frente a los abusos del poder y los ordenes injustos impuestos por la arbitrariedad y el abuso. Quien ha tenido el coraje para enfrentarse a las dictaduras de todo pelaje en defensa de la democracia bien merece el homenaje esclarecido de la universidad. Vargas Llosa no advierte de la amenaza que para la cultura de la libertad supone el maquillaje de la verdad. La cultura de la libertad y la libertad es necesaria para un país en donde se teme a las encuestas como expresiones de la opinión ciudadana. Un país en donde leer y pensar pueden ser motivo de sospechosos esfuerzos humanos. Por eso su clara posición sobre el protagónico rol del Estado como garantía de la posibilidad de disfrute de la libertad. Por eso la política no debe estar despojada de la ética. No es posible la libertad al lado de la censura. No es posible la universidad sin la libertad de pensamiento.
Desde esta perspectiva el escritor como expresión de la libertad creativa tiene una misión que cumplir en un mundo en donde las mayores amenazas son la intolerancia, el fanatismo y la violencia entendida como exclusión, racismo y asfixia a la libertad. Quienes tenemos la plena convicción que la libertad es necesaria para el diálogo inteligente entendemos que la anemia que sume a las endebles democracias latinoamericanas está vinculada a la perniciosa y arrogante actitud de los dictadores que sienten en la educación de las jóvenes generaciones una peligrosa amenaza. De los tiranosaurios y de esa especie aborrecible de gobernantes sostenidos por la corrupción y el atropello a los Derechos Humanos.
Doctor Vargas Llosa, usted nos ha enseñado con sabia madurez que la libertad no anda desencontrada con la cultura y que la universidad está llamada a convertirse en baluarte de la libertad. En resplandor inteligente en donde el hombre es sensible a las expresiones de la cultura, el arte y la belleza. ¿Cómo no va a ser bello el espectáculo en donde el hombre se transforma por la acción benefactora de los libros?. No puede haber espíritu universitario que no se abra como el brote fresco de una flor silvestre al arte y a la belleza, al profundo significado moral del compromiso honesto.
No se trata de pasar por la Universidad como si esta fuera una aventura incierta sino la posibilidad de vislumbrar un mundo nuevo en donde es posible la realización humana. Sin este atisbo de la grandeza de los ideales y los compromisos efectivos que la sociedad demanda el tránsito por la universidad se torna infecundo y estéril. Sólo en un ambiente de libertad es posible la grandeza humana, el potente impulso de los ideales que nos obligan a recrear la fe en el hombre. Por la claridad de su pensamiento doctor Vargas Llosa nos hemos dirigido como por un hilo conductor a la fuente de sus coordenadas intelectuales y hemos llegado a Karl Raimond Popper, judío de nacimiento criado en un ambiente luterano.
Popper, en la evolución de su genial pensamiento llegó a la conclusión que es imposible armonizar el socialismo con la libertad individual. Como es imposible hablar de creación sin libertad. Como es imposible hablar de educación sin libertad. Popper también nos ha enseñado que la historia no puede ser ya un inventario de latrocinios. Doctor Vargas Llosa usted nos ha mostrado lo que es la consecuencia y los riesgos que penden sobre la libertad cuando la intolerancia se apodera de quienes detentan el poder político.
Pero esas son palabras mayores quisiera hablar ahora con el recuerdo, con la memoria del corazón para recordarle a esta Piura patente en sus creaciones a esos recuerdos imborrables escritos a fuego en la memoria. Quisiera imaginarlo corriendo en los patios del Salesiano o aprendiendo de la conversación audaz en los claustros sanmiguelinos esa vida piurana doméstica, rural salpicada de anécdotas y admoniciones del Padre García.
Este es un recado de afectos, de recuerdos, de gratitud con quien nos convirtió en prototipos universales del amor a la tierra. Gracias Doctor Mario Vargas Llosa por ese orgullo legítimo que nos nace de saberlo un peruano universal, un defensor incansable de la libertad y un modelo inacabable de vocación literaria. La literatura es la tinta metida en las venas con la que se expresan los demonios interiores y la imaginación desbordada.
Permítame una analogía de su vida con la de Paul Gaugín, el nieto de Flora Tristán, genéticamente peruano empedernido, que un día decidió dejar todo lo que la vida le prometía para dedicarse a la pintura su irrenunciable pasión. Impenitente trotamundos pintó en Francia, Escandinavia y Tahiti renunció a la próspera condición de banquero para vivir con inaudita intensidad de agonista su arte. Usted ha entregado su vida plena a la literatura esta es una pasión intensa y fecunda. Hoy ocasión en la que usted se reencuentra con Piura en donde empezó a los 16 años a dragonear en el periodismo en las páginas de La Industria nuestro homenaje.
Aquí en donde se confirmó vuestra vocación por las letras reciba usted el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Piura que con legítimo orgullo cumple con el deber ineludible de reconocer el significado universal de la inteligencia y la consecuencia en la causa noble de defensa de la libertad. Doctor Mario Vargas Llosa bienvenido al claustro que lo acoge. Para usted mayores glorias y el reconocimiento para quien simboliza con legitimidad las letras del Perú.
(1) Mario Vargas Llosa: La Invención de una Realidad, José Miguel Oviedo, Barral Editores,1970.
(2) Mario Vargas Llosa escritor, ensayista, ciudadano y político, Forgues Roland, Minerva, Lima , 2001.
(3). La Literatura es fuego, Mario Vargas Llosa, Editorial Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires,1969.
(4) Semana de Autor, Mario Vargas Llosa, Ediciones de Cultura Hispánica, Instituto de Cooperación Iberoamericana,1985.
PIURA, VARGAS LLOSA Y LA INAGOTABLE PASIÓN

Por: Miguel Godos Curay
López Albújar no tiene piedad al hablar de los piuranos consumidos en su provinciana y soporífera modorra. Piura no está hecha para los raptos revolucionarios y los malabares ideológicos aquí pegan bien la sarna y la siesta. Roque Carrión sostiene que los huecos que abundan por las aceras de Piura son los mismos que contaba con religioso ritual al salir del Salesiano. En 1946 Piura vivía el optimismo de la prosperidad algodonera y el Prefecto don Pedro Llosa Bustamante disfrutaba de los repentinos temporales de tranquilidad política. Por aquel entonces, apristas y partidarios de la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro, convictos y confesos se disputaban las plazas.
En este ambiente provinciano llega Mario Vargas Llosa en 1946 para culminar la primaria en el Salesiano en cuyas aulas conoce a Javier Silva Ruete, los mellizos Checa, los Hilbeck, los Romero, los Artaza y Seminario. Los colegiales acudían puntualmente a sus clases y posteriormente a la salida se solazaban en mataperradas innumerables en las orillas del río y fundos vecinos. Tal como refiere Vargas Llosa los aplicados colegiales se tomaban sus licencias como repetir palabras impronunciables y liquidar todas las historias vinculadas a los vuelos de la cigüeña.
En Piura los “churres” eran producto de la gimnasia humana y la urgencia fisiológica. Un tópico vargallosiano es el descubrimiento de la sexualidad adolescente. La doble moral, muy piurana, salta del pecado mortal y la condenación del infierno al arrepentimiento piadoso. Finalizado el colegio Vargas Llosa retorna a Lima. Tras un accidentado tránsito por el Colegio Militar Leoncio Prado retorna en 1952 para culminar el quinto de secundaria en el Colegio San Miguel. Mario ya se ha curtido en la redacción de La Crónica. En Piura es acogido por don Miguel Cerro en La Industria. Posteriormente continuará bajo la dirección de Pedro del Pino Fajardo, un bohemio y fogueado periodista casado con una nieta de Ricardo Palma.
En La Industria comparte impresiones con Néstor Martos, Luis Ginocchio y Owen Castillo. San Miguel es ocasión para entusiasmos literarios. Aquí estimulado por Carlos Robles Rázuri y con la anuencia del doctor Luis Marroquín director del San Miguel puso en escena “La Huída del Inca” con la participación de los hermanos Raygada, Juan León, Ruth y Lira Rojas, Yolanda Vilela y Walter Palacios. El debut previsto para el 17 de Julio de 1952 fue anunciado en las páginas de El Tiempo y La Industria. Javier Silva Ruete perifoneó por las calles lo que denominó “el acontecimiento del siglo”. Esta segunda estancia piurana fue decisiva para Vargas Llosa. La curiosidad juvenil se expandía hasta las quinchas de “La Casa Verde” el memorable prostíbulo ubicado entre Tacalá y Catacaos en donde con democrático igualamiento se derribaba la distancia social entre los piuranos.
“La Casa Verde” no sólo provocaba los sermones admonitorios de condena del Padre Jesús Santos García sino incontenibles pasiones juveniles. En “La Casa Verde” entre secos de cabrito, trovadores empedernidos y un legión de parroquianos dispuestos al trato carnal Vargas Llosa trazó las coordenadas de una de sus mejores novelas. Piura también aparece en los personajes de “La Chunga” y en ¿Quién mató a Palomino Molero? Cuya trama fue urdida sobre el asesinato no resuelto del avionero José Abad cuyo cuerpo torturado fue abandonado entre los chopos de las inmediaciones de la base militar. En última visita a Talara, gracias a la gentileza de Petroperu me dijeron que los familiares aún conservan recortes de las páginas de Corrreo.
Gracias a Vargas Llosa son universales los tradicionales barrios “La Mangachería” y “La Gallinacera” que polarizan los estratos sociales predominantes de una Piura cuya economía estaba sostenida en la economía de la hacienda. El “oro blanco”, el algodón pima piurano era muy bien cotizado en los abatidos mercados internacionales de la post guerra. Refiere Miguel Gutiérrez que por aquel entonces en la Plaza de Armas los soldaditos se contentaban con contemplar de lejos los apetecidos frutos de las bíblicas familias piuranas. La bonanza duró poco porque la burguesía se encandiló en el espejismo de una existencia muelle transcurrida entre los wiskys del Centro Piurano y los veranos estridentes en Yacila y Colán.
La Piura de Vargas Llosa con autos último modelo, wiskys, cinematógrafos y excursiones a La Casa Verde es hoy un espejismo. Los ricos de ayer han empobrecido. Formas salvajes de acumulación como el narcotráfico y la emergencia del placer han trastornado la economía. Las industrias sostenidas en el algodón languidecen. Hoy la bonanza agrícola está en las plantaciones de mango y uva. Un estudio de ordenamiento del suelo realizado por el profesor Clarence Minkel de la Universidad de Tennesse revela indicadores dramáticos: las industrias de Piura agonizan. La prosperidad comercial recién ha empezado. Piura con 800 mil habitantes tiene no más de cien industrias. A contrapelo crecen la informalidad y los tugurios. La Piura del reencuentro de Mario Vargas Llosa es otra. El lugar donde vivía es hoy el chifa Cantón. Piura es otra sin médanos, sin hatos de cabras alucinadas y piajenos recorriendo las calles hoy reemplazados por los ruidosos mototaxis pero con los mismos pecados.
La Universidad Nacional de Piura por decisión unánime le confirió el Doctorado Honoris Causa como reconocimiento a su fecunda actividad literaria y a una vocación irreductible de defensa de la libertad de expresión. En aquella ocasión jóvenes estudiantes de la Escuela de Comunicación en memorable diálogo premonitoriamente le dijeron: “Doctor Vargas Llosa nosotros hemos firmado el pedido de los universitarios del Perú para que se le otorgue el Premio Nobel de la Literatura”. Vargas Llosa sonrió mientas los estudiantes lo aplaudían rabiosamente. Era el 17 de diciembre de 2002.
La literatura es para Vargas Llosa una pasión, es la vida misma. Vargas Llosa pertenece a esa especie humana de criaturas prodigiosas que tienen tinta en las venas y como un cuchillo entre los dientes el don de la palabra. Piura es para el escritor motivo de inspiración. Una especie de isla en la que quedaron sumergidas las vivencias de una infancia en retirada y una juventud plena de inquietudes, urgencias y pasiones.
Piura ha marcado a fuego la vida de Vargas Llosa como ese sol rubio e intenso que provoca el suicidio de las iguanas al filo de las carreteras. Esa Piura ausente y en retirada es la que guarda en su memoria el escritor. Es la misma Piura evocada con sonora carcajada por Alfredo Bryce. Piura calurosa en donde hay que matar la sed con potitos de chicha y añoranzas playeras de Colán. Miguel Gutiérrez describe el paisaje urbano en el que agonizan las casonas y el esperpento de una publicidad incontrolada que nos obliga a pellizcarnos la carne y recordar que se nos va la tierra. Intimo fue el reencuentro, por ello profundamente humano, noble, entrañable y reconfortante. En la cartografía de los afectos como bien señala Pascal el corazón tiene razones que la propia razón no entiende.
Fue en Junio de 1987 cuando llegó Vargas Llosa a Piura liderando la campaña cívica contra la estatización de la banca. El mitin concurrido y sonoro se realizó en el frontis de la Catedral de Piura. Mario Vargas, no acostumbrado a estos menesteres había preparado en metódicas fichas un emotivo discurso en donde desfilaban por el esfuerzo de evocación los viejos amigos, el paisaje, la transitoria presencia en el Salesiano y el centenario San Miguel. No se si por la euforia del momento tras la firme y contundente posición frente a las pretensiones estatistas las fichas se perdieron. Una copia de este original documento me alcanzó Guido Ayala que conservaba como inapreciable tesoro. Las originales con la caligrafía del escritor las guarda como una valiosa reliquia Armando “Ñato” Burneo.
He tenido la ocasión de entrevistar a Vargas Llosa en varias ocasiones. Una sobre el tema siempre exquisito de los orígenes de la marinera y el tondero piurano en los frescos ambientes del Club Grau. Otras sobre la presencia de Piura en su producción literaria y la defensa de la libre expresión. Alguna vez escuché de primera fuente el testimonio de Carlos Robles Rázuri sobre el escritor. Piura tiene una significación extraordinaria en la vida de Vargas Llosa. En Piura estuvo en el año 1946 para acabar el quinto de primaria en las aulas del Salesiano y en donde descubrió que Piura es otro país en donde los churres disfrutan con desenfado del verbo florido y la contemplación gozosa de los piajenos en plena fornicación. Otra es la lectura piurana de Miguel Gutiérrez. A ambos ha marcado a fuego la vida colegial y los arrebatos piuranos de reprimida virilidad. Son recuerdos indelebles. Atados a la existencia de una vida rural extasiada en la contemplación del río y la frágil prosperidad de las haciendas.
Sinesio López, recuerda que los hacendados ricachones recorrían las extensiones de sus fundos en avioneta y para consolar su deleznable piedad ayudaban con sus contribuciones a la Iglesia y el Seminario Diocesano. Pero el piurano tiene una personalidad controvertida enciende una vela a Dios y otra al diablo. Es piadoso de gestos conmovedores pero al mismo tiempo se “florece” en los menjurjes supersticiosos y brujeriles de las Huaringas. El abuelo bíblico, don Pedro Llosa Bustamante, era Prefecto de Piura. Tras esta presencia efímera pero con muchos recuerdos y con innumerables amigos como el gordo Javier Silva Ruete, los Checa, los Artaza y Shapirito Seminario. Mario retorna a Piura en 1952 para acabar la secundaria en el San Miguel. Son sus profesores Néstor Martos, Carlos Robles Rázuri, Jorge Moscol Urbina, Manuel Aldana, don Ramón Abásolo y el inolvidable cura don Jesús Santos García.
Era el Director el doctor Luis Marroquín, autor de las innovaciones pedagógicas en la evaluación que provocaron la protesta estudiantil que posteriormente recoge en “Los Jefes”. No se puede hablar de Vargas Llosa sin una alusión a “ La Casa Verde” en donde el escritor contempló de cuerpo entero al propio Prefecto Jorge Checa disfrutando de la hospitalidad de las chuchumecas y los trovadores que con guitarra y cajón en la hipnótica tarde interpretaban valses, pasillos y tonderos. “La Casa Verde”marca el inicio del deslumbrante despertar sexual. Recuerda Vargas Llosa que los parroquianos acababan, por la falta de barbacoas, disfrutando del placer en noches plateadas de luna sobre los arenales tibios y el titilar de las luces de la ciudad. No tengo noticias certeras de la ubicación exacta de “La Casa Verde”. Los cierto es que estaba ubicada en el trayecto de Castilla a Catacaos.
Doña Rosita, la regenta del memorable Viduque alguna vez me confirmó que los muros que habitaba eran parte de la vieja casa en donde hacendados y caporales disfrutaban de todos los placeres. “La Casa Verde” en efecto nos ha hecho universales. Como sucedió con “ El Viejo Saurio se retira” y “ El Mundo sin Xochilt” Gutiérrez muchos piuranos no han leído estos libros por pacatos y otros por sus desafectos con la lectura. Los tres son sabrosos y desnudan de cuerpo entero a los piuranos a los que han elevado a la dimensión inmortal. Piura tiene un encanto seductor. Lo he sentido tras los íntimos recorridos por los recovecos del desaparecido Malecón Eguiguren, el puente viejo o contemplando con admiración la tumba en San Teodoro de personajes como Gaspar Vásquez de Velasco a quien una pluma socarrona caricaturizó con un pasquín venenoso titulado “Gasparito en Miniatura”. Piura está presente en “ La Chunga” y en ¿Quién mató a Palomino Molero?, que refiere las desventuras de la dolorosa y patética historia del avionero Pepe Abad que ocupó las primeras planas de Correo.
Lituma y Sahapirito Seminario son personajes que están presentes en esta narrativa que se asoma a los arenales y al corazón de la selva. No podemos olvidar el debut literario de Vargas Llosa con la puesta en escena de “ La Huída del Inca” en el desaparecido teatro Variedades. En el diario La Industria de don Vicente Cerro escribió Vargas Llosa. Su presencia en la redacción era compartida con los estudios en el San Miguel y los encargos de don Pedro del Pino Fajardo. No escapa a la memoria de Vargas Llosa la singularidad del poeta Joaquín Ramos Ríos quien se paseaba por la Plaza de Armas acompañado de una cabrita querendona. Joaquín, bohemio empedernido se había dedicado de cuerpo y alma a la poesía. Alguna vez Sofocleto sentenció que Piura es el lugar donde el sol nunca se devalúa, la chicha nunca se evapora, la amistad nunca se extingue y las mujeres nunca se olvidan. Piura dejó huella en la vida del escritor no sólo por la admiración al temple bizarro del Almirante Grau, la inagotable amistad de los piuranos sino por acontecimientos humanos y dolorosos que son decisivos en la vida de cualquier alma juvenil. Aquí Mario descubrió con pasmoso dolor que su padre no era la reencarnación de un fantasma extinto sino la imagen que no encajaba en su universo personal.
Piura tiene una vieja deuda con Vargas Llosa. Una deuda de gratitud aún no pagada porque los piuranos no supieron mostrarle en las elecciones de 1990 la voceada admiración y lealtad. Este compromiso sólo podrá saldarse con la lectura de sus obras, con el descubrimiento personal de que las cosas no son lo que parecen y el entender que la lectura ejerce un liberador influjo en las almas que exorcizan de su conciencia la ignorancia. Mario Vargas Llosa recibió el homenaje de la Universidad Nacional de Piura que por unánime decisión le confirió el Doctorado Honoris Causa. Paradójicamente, la UNP meses antes tuvo la valentía moral de purgar su conciencia retirándole por “causa de indignidad” el Doctorado Honoris Causa a Fujimori. (Foto: Mario Vargas Llosa y José H Estrada Morales)
PIURA EN LA OBRA DE VARGAS LLOSA



MI PRIMER ENCUENTRO CON EL SALESIANO “
Mi primer encuentro con el Salesiano y mis nuevos compañeros de clase no fue nada bueno. Todos tenía uno o dos años mas que yo, pero parecían aún más grandes porque decían palabrotas y hablaban de porquerías que nosotros, allá en La Salle, en Cochabamba, ni siquiera sabíamos que existían. Yo regresaba todas las tardes a la casona de la prefectura, a darle mis quejas al tío Lucho, espantado de las lisuras que oía y furioso de que mis compañeros se burlaran de mi manera de hablar serrana y de mis dientes de conejo. Pero poco a poco me fui haciendo de amigos –Manolo y Ricardo Artadi, el Borrao Garcés, el gordito Javier Silva, Chapirito Seminario- gracias a los cuales fui adaptándome a las costumbres y a las gentes de esa ciudad, que dejaría una marca fuerte en mi vida. A poco de entrar al colegio, los hermanos Artadi y Jorge Salmón, una tarde que nos bañábamos en las aguas ya en retirada del Piura – entonces río de avenida- me revelaron el verdadero origen de los bebes y los que significaba la palabrota impronunciable: cachar..
La revelación fue traumática, aunque estoy seguro, esta vez, de haber rumiado en silencio, sin ir a contárselo al tío Lucho, la repugnancia que sentía al imaginar a estos hombres animalizados, con los falos tiesos, montados sobre esas pobres mujeres que debían sufrir sus embestidas.” “Las explicaciones del sacerdote que me confesaba, el único ser al que atreví a consultar sobre este angustioso asunto, no debieron tranquilizarme pues el tema me atormentó días y noches y paso mucho tiempo antes de que me resignara a aceptar que la vida era así, que hombres y mujeres hacían esas porquerías resumidas en el verbo cachar y que no había otra manera de que continuara la especie humana y de que hubiera podido nacer yo mismo”.
LA DULCE MORADA DEL ABUELO PEDRO “
La prefectura tenía dos patios y unos entretechos legañosos donde anidaban los murciélagos. Mis amigos yo los explorábamos, reptando, con la esperanza de cazar alguno de estos ratones alados y hacerlo fumar, pues creíamos a pie juntillas que el murciélago al que se le ponía un cigarrillo en la boca se lo despachaba a pitazos como un ávido fumador. La Piura de entonces era pequeñita y muy alegre de hacendados prósperos y campechanos –los Seminario, los Checa, los Hilbeck, los Romero, los Atrasar, los García- con los que mis abuelos y mis tíos establecieron unos lazos de amistad que durarían toda la vida.”
“En la hacienda Yapatera, de los Checa, monté por primera vez a caballo y oí hablar de Inglaterra de manera más bien mítica, pues el padre de mi amigo James Mc Donald era británico, y tanto él como su esposa- Pepita Checa-veneraban ese país, al que de algún modo habían reproducido en esas arideces de las serranías piuranas ( en su casa-hacienda se tomaba el five o’clock tea y se hablaba en inglés)” “Tengo en la memoria como un rompecabezas de ese año piurano que concluiría en el malecón Eguiguren con la revelación sobre mi padre: imágenes inconexas, vívidas y emocionantes. El guardia civil jovencito que cuidaba la puerta falsa de la prefectura y enamoraba a Domitila, una de las muchachas de la casa, cantándole, con voz muy relamida. Muñequita linda, y las excursiones en pandilla por el cauce del río y los arenales de Castilla y Catacaos para observar las prehistóricas iguanas o ver fornicar a los piajenos, escondidos entre los algarrobos.
Los baños en la piscina del club Grau, los esfuerzos para entrar a las películas para mayores en el Variedades y el Municipal y las expediciones, que nos llenaban de excitación y de malicia, a aguaitar desde las sombras aquella casa verde, erigida en los descampados que separaban Castilla de Catacaos, sobre la que circulaban mitos pecaminosos. La palabra puta me llenaba de horror y fascinación. Ir a apostarme en los parajes vecinos a aquella construcción, para ver a las mujeres malas que allí vivían y a sus nocturnos visitantes, era una tentación irresistible, a sabiendas que cometería pecado mortal y que tendría luego que ir a confesarlo.”
LA TEMPERATURA POLÍTICA
“Los malos eran los apristas, que habían traicionado al tío José Luis y le estaban haciendo la vida imposible allá en Lima, y cuyo líder, Víctor Raúl Haya de la Torre, había atacado al abuelo en un discurso, aquí, en la plaza de Armas, acusándolo de ser un prefecto antiaprista. (Esa manifestación del APRA la fui a espiar, pese a la prohibición de la familia, y descubrí ahí a mi compañero Javier Silva Ruete, cuyo padre era apristón, enarbolando un cartel más grande que él mismo y que decía:"Maestro, la juventud te aclama”.)
“Enemigos mortales de los apristas eran los urristas de la Unión Revolucionaria, que presidía el piurano Luis A. Flórez, cuya ciudadela era el barrio de La Mangachería, célebre por sus chicherías y picanterías y por sus conjuntos musicales. La leyenda inventó que el general Sánchez Cerro –dictador que fundó la UR y que fue asesinado por un aprista el 30 de abril de 1933- había nacido en La Mangachería y por eso todos los mangaches eran urristas, y todas las cabañas de barro y caña brava de ese barrio de calles de tierra y llenos de churres y piajenos ( como se llama a los niños y los burros en la jerga piurana) lucían bailoteando en las paredes alguna descolorida imagen de Sánchez Cerro. Además de los urristas habían los socialistas, cuyo líder, Luciano Castillo, era también piurano “.
EL HIPNÓTICO DESIERTO ESCENARIO PARA TODAS LAS EPICAS
“Esos arenales que rodean Piura, con sus médanos movedizos, sus manchones de algarrobos y sus hatos de cabras, y los espejismos de estanques y fuentes que se divisan en él, en las tardes, cuando la bola rojiza del sol en el horizonte tiñe las blancas y doradas arenas con una luz sangrienta, es un paisaje que siempre me emocionó, que nunca me he cansado de mirar. Contemplándolo, mi imaginación se desbocaba. Era el escenario ideal para hazañas épicas, de jinetes y de príncipes que rescataban a las doncellas prisioneras o de valientes que se batían como leones hasta derrotar a los malvados.”
EL COLEGIO DE SAN MIGUEL
“El colegio San Miguel de Piura estaba frente al Salesiano, y no tenía, como éste, un amplio y cómodo local; era una vieja casa de quincha y calamina, mal adaptada a sus necesidades, pero el San Miguel, debido a los esfuerzos del director – el doctor Marroquín, a quien di tantos dolores de cabeza-, era un magnifico colegio. En él convivían muchos piuranos de familias humildes – de la Mangachería, de la Gallinacera y otros barrios periféricos- con chicos de clase media y hasta de familias encumbradas de Piura, que iban allí porque los padres del Salesiano ya no los aguantaban atraídos por los buenos profesores”.
LOS PROFESORES DEL SAN MIGUEL
“Teníamos también un excelente profesor de Historia, Néstor Martos, que escribía a diario en El Tiempo una columna titulada “Voto en contra” sobre temas locales. El profesor Martos, de figura desbaratada, bohemio impenitente, que parecía llegar a clases, a veces directamente de alguna cantinilla donde había pasada la noche entera tomando chicha, despeinado, barbicrecido y con una bufanda cubriéndole media cara – ¡una bufanda, en la tórrida Piura!-, en la clase se transformaba en un expositor apolíneo, un pintor de frescos de los periodos preincaico e incaico de la historia americana. Yo lo escuchaba embelesado y me sentí un pavo real una mañana, en aquella clase en la que, sin mencionarme, se dedicó a enumerar todos los argumentos por los que ningún peruano de casta podía ser un “hispanista” ni elogiar a España) que era lo que había hecho yo, ese día, en mi columna de La Industria con motivo de la visita a Piura del embajador de ese país. “ El profesor de literatura resultó algo desangelado –teníamos que memorizar los adjetivos con que calificaba a los clásicos: San Juan de la Cruz “ hondo y esencial”; Góngora “barroco y clasicista”; Quevedo “alambicado, festivo, imperecedero”; Garcilazo “italianizante, malogrado precozmente y amigo de Juan Boscán“- pero una buenísima persona: José Robles Rázuri. El ciego Robles, cuando descubrió mi vocación, me tomó mucho aprecio y solía prestarme libros. los tenía forrados con un papel color rosa y un sellito con su nombres, entre los que recuerdo los dos primeros que leí Azorín: Al margen de los clásicos y La ruta de don Quijote”. “ A la segunda o tercera semana de clases, en un gesto audaz, le confié al profesor Robles mi obrita de teatro. La leyó y me propuso algo que me causó palpitaciones.
El colegio ofrecía uno de los actos con que se celebraba la semana de Piura, en julio.¿Por qué no sugeríamos al director que el San Miguel presentara este año La Huida del Inca?. El doctor Marroquín aprobó el proyecto y , sin más, quedé encargado de dirigir el montaje, para estrenar la obra el 17 de julio, en el teatro Variedades.” “Aunque sólo fuera por haberme permitido ver, en un escenario, viviendo con la ficticia vida del teatro, algo inventado por mí, mi deuda con Piura sería impagable. Pero le debo otras cosas. Los buenos amigos, algunos de los cuales duran hasta ahora. Varios de mis viejos condiscípulos del Salesiano se habían pasado al San Miguel, como Javier Silva y Manolo y Richard Artadi, y entre los nuevos compañeros había otros, los mellizos Temple, los primos León, los hermanos Raygada, con los que nos hicimos compañeros del alma. El quinto de secundaria resultó un año pionero, pues por primera vez se ensayaba en un colegio nacional el régimen mixto. En nuestra clase había cinco mujeres; se sentaban en una fila aparte y nuestras relaciones eran formales y distantes. Una de ellas, Yolanda Vilela, fue una de las tres “vestales” de La Huida del Inca, según el descolorido programa del espectáculo que llevo en la cartera, como amuleto, desde entonces.”
EL AMIGO JAVIER SILVA “
De todo ese grupo de amigos, el más íntimo fue Javier Silva. Era ya entonces, a sus dieciséis años, lo que sería más tarde multiplicado: gordo, goloso, inteligente, incansable, inescrupuloso, simpático, leal, siempre dispuesto a embarcarse en todas las aventuras y generoso como nadie” “ Su apetito era descomunal y los días de propina – vivía a la vuelta de mi casa, en la calle Arequipa. venía a invitarme a El reina , un restaurante de la avenida Sánchez Cerro, en el que pedía un piqueo y una cerveza para compartir. Íbamos al cine – al Municipal, al Variedades o a ese cine de Castilla, al aire libre, con un solo proyector, de modo que a cada fin de rollo se interrumpía la película, y al que había que llevarse el asiento-; a bañarnos en la piscina del Club Grau, a la “casa verde”, en el camino a Catacaos adónde yo lo arrastre la primera vez después de quitarle el miedo que su padre, un médico muy querido en Piura, le había inculcado, asegurándole que si iba allí le contagiarían una sífilis”
LA CASA VERDE “
La “casa verde” era una cabaña grande, algo más rústica que una casa, un lugar mucho más alegre y sociable que los prostíbulos limeños, generalmente sórdidos y a menudo pendencieros. El burdel de Piura conservaba la función tradicional de lugar de encuentro y de tertulia, al mismo tiempo que de casa da de citas. Allí iban los piuranos de todas las clases sociales –recuerdo haberme llevado la sorpresa, una noche de encontrarme al Prefecto, don Jorge Checa, conmovido con los tonderos y las cumananas de un trío mangache. A oír música, a comer platos regionales –secos de chabelo y de cabrito, cebiches chifles, natillas, claritos y chicha espesa-,o a bailar, conversar y también a hacer el amor. El ambiente era campechano, informal, risueño, y rara vez lo afeaban las broncas. Mucho más tarde cuando descubrí a Maupassant, no podía dejar de asociar esa “casa verde” a su hermosísima Maison Teller, así como la Mangachería, barrio alegre, violento y marginal de las afueras piuranas se identificaba siempre en mi memoria con la Corte de los Milagros de las novelas de Alejandro Dumas.”
“Ir a esa casa pintarrajeada de verde, en las afueras de Castilla, camino a Catacaos, me costaba mi magro sueldo de La Industria, de manera que fui apenas unas cuantas veces a lo largo del año. Pero cada vez salí de allí con la cabeza llena de imágenes ardientes, y estoy seguro de haber vagamente soñado desde entonces con inventar alguna vez una historias que tuviera como escenario esa “casa verde”. Es posible que la memoria y la nostalgia embellezcan algo que era pobre y sórdido -¿qué podía esperarse de una pequeño prostíbulo de una pequeñísima ciudad como Piura?, pero, en mi recuerdo la atmósfera del lugar era alegre y poética, y quienes estaban allí se divertían de veras, no sólo los clientes, sino, también los maricas que hacían de camareros y guardianes, las putas, los músicos que tocaban valses , tonderos, mambos o huarachas y la cocinera que preparaba las viandas a la vista de todos, haciendo pasos de baile junto al fogón. Había muy pocos cuartitos con barbacoas para las parejas, de modo que a menudo era preciso salir a hacer el amor a los arenales del contorno, al aire libre, entre los algarrobos y las cabras. La incomodidad restaba compensada por la tibia atmósfera azulina de las noches piuranas, de tiernas lunas llenas, y sensuales curvas de médanos entre los que se divisaban titilando, al otro lado del río, las luces de la ciudad.”
"LOS JEFES “
Ya avanzado el semestre, un buen día el doctor Marroquín nos comunicó a los de quinto año que, esta vez, los exámenes finales no se tomarían de acuerdo a un horario preestablecido, sino de improviso. La razón de esta medida experimental era poder evaluar con mayor exactitud los conocimientos del alumno. Estos exámenes anunciados, para lo qu lo estudiantes se preparaban memorizando la noche anterior el curso en cuestión, daban una inexacta de lo que habían asimilado. Cundió el pánico en clase. Eso de que uno se preparara para química y fuera al colegio y le tomaran geometría o lógica, nos puso los pelos de punta. Empezamos a imaginar una catarata de cursos aplazados. ¡Y en el último año del colegio! Con Javier Silva alborotamos a los compañeros para rebelarnos contra el experimento) mucho después supe que aquel proyecto había sido la tesis de grado del doctor Marroquín). Celebramos reuniones y una asamblea en la que se nombró una comisión, presidida por mí, para hablar con el director. Nos recibió en su despacho y me escuchó educadamente pedirle que pusiera horarios.
Pero nos dijo que la decisión era irrevocable. Entonces, planeamos una huelga. No iríamos a clases hasta que se levantara la medida. Hubo noches sobrexcitadas discutiendo con Javier y otros compañeros los detalles de la operación. La mañana acordada, a la hora de clases, nos replegamos al malecón Eguiguren. Pero allí algunos muchachos asustados – en esa época, una huelga escolar era insólita-, comenzaron a murmurar que podían expulsarnos. La discusión se envenenó y un grupo por fin, rompió la huelga. Desmoralizados con la deserción, los demás acordamos regresar para las clases de la tarde. Al entrar al colegio, el jefe de inspectores me llevó a la oficina del director. Al doctor Marroquín le temblaba la voz mientras me decía que, como responsable de lo ocurrido, yo merecía que me expulsaran ipso facto. Del San Miguel. Pero que, para no estropearme el futuro, sólo me suspendería siete días.” “Cito el episodio de la frustrada huelga porque sería tema del primer cuento mío publicado (“Los Jefes”), y porque en él se vislumbran los primeros brotes de una inquietud. No creo haber pensado mucho en política antes de ese año piurano.”
PIURA Y LA ESTATIZACIÓN DE LA BANCA
“Cuando la batalla contra la estatización de la banca en 1987, hicimos en Piura uno de los tres mítines de protesta, y Piura fue la primera ciudad a la que acudí a hacer campaña, luego del lanzamiento de mi candidatura en Arequipa, el 4 de junio de 1989. Piura fue el departamento del que más provincias y distritos recorrí y al que más veces volví durante la campaña. Estoy seguro de que en ello intervino mi subconsciente predilección por lo piurano y los piuranos. Y, sin duda por esto mismo sentiría esa decepción, en junio de 1990, al descubrir que los electores piuranos no correspondían a mis sentimientos pues votaron masivamente por mi opositor en la elección del 10 de junio, a pesar de que aquél apenas había hecho una furtiva visita a la ciudad en el curso de su campaña”. EL PEZ EN EL AGUA, Editorial Seix Barral, Biblioteca Breve)
(Fotos Koko Zavala: MVLL con Miguel Godos, efusivo saludo del "Ñato" Armando Burneo Seminario y junto a estandarte de la UNP con el entonces Rector Edwin Vegas Gallo.)
VARGAS LLOSA: "LA LITERATURA ES LO MEJOR QUE ME HA PASADO"

Mario Vargas Llosa estaba exultante. Pero no perdía esta tarde ni el sentido del humor ni el equilibrio que le ha dado rigor a su obra. Estaba sorprendido de haber sido galardonado con el premio, y estaba agradecido, aunque temeroso aún de que fuera una broma. Durante 14 minutos tanto él como su mujer, Patricia, que están en Nueva York porque el nobel 2010 da clases en Princeton, pensaron que el secretario de la Academia Sueca era "un impostor". Y le dieron 14 minutos para que ratificara que no era una tomadura de pelo. "Cuando pasaron los 14 minutos ya pude disfrutar de esta sorpresa".
¿Una sorpresa, de veras? "Déjeme que le diga antes por qué creía que era broma. Hace años le hicieron una trastada así a Alberto Moravia, el novelista italiano. Fue una noticia fea, que a él le cogió desprevenido. Entonces, inmediatamente que me dijo Patricia que habían llamado de la secretaría del Nobel nos pusimos en guardia".
Además, ya no estaba en las listas. "Y no crea, eso me tranquilizó. Estar en las listas era una pesadilla anual, porque mucha gente llamaba para indagar si era cierto que iba a ganar el Nobel. Todo eso abonaba la idea de que pudiera ser una broma una noticia que luego resultaría tan grata".
Mario Vargas Llosa se había convencido, a lo largo de los años, de que él no era un escritor para este premio. ¿Y por qué? "¿Por qué? Porque llegué a la conclusión de que yo no estaba en la identikit del Nobel; yo soy un escritor conflictivo, tomo posiciones incómodos, me equivoque o no siempre digo lo que me parecen las cosas, y todo eso me hizo creer que no era el escritor que encajara con la manera de ver la literatura por parte del jurado".
Pero la Academia Sueca ha hablado de usted, de su obra, le decimos a Mario Vargas Llosa, teniendo en cuenta precisamente esas posiciones suyas. "Aún no he visto esa declaración. ¿Me la puede leer?" Dice que le dan el Nobel a Mario Vargas Llosa "Por su cartografía de las estructuras del poder y sus incisivas imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota".
"¿Dicen eso? Es magnífico. Me alegro mucho. ¡Ojalá fuera verdad. En efecto, de eso va mi obra, de la resistencia del individuo ante el poder, de la lucha de los hombres por salvar su individualidad en un mundo en el que la libertad está tan acosada. Esa nota expresa muy bien lo que yo pienso".
Y desmiente muchas cosas, muchos tópicos que se dicen sobre usted. ¿Se quedarán sorprendidos sus críticos, enmudecidos, quizá? "No creo que los deje más enmudecidos que a mi; para mi esa nota es una sorpresa. Pero no creo que mis críticos enmudezcan nunca, de todos modos".
¿Y cuál fue su primer pensamiento, la primera reflexión sobre su historia como escritor? "Fíjese que pensé, primero que nadie, en Carlos Barral; él hizo que recibiera un estímulo formidable cuando me presenté al premio Biblioteca Breve con La ciudad y los perros; hizo lo imposible porque yo saliera adelante. Y Carmen Balcells, claro; Carmen me empujó literalmente a la literatura; los dos dieron por mi una batalla inolvidable. Lo citado en todas partes ahora que me han dado el Nobel. Y he citado a España, porque sin ese país hubiera sido imposible la difusión de mi obra, y por tanto el entusiasmo que me dio para seguir escribiendo. Y algo que quiero que recoja, Carmen Balcells e Isabel de Polanco fueron en las últimas épocas de mi vida, cuando ya se aceleró la publicación de mis obras en España y en América, fundamentales en mi trayectoria editorial. Y nunca olvido eso. No olvide usted de hacerlo constar".
Vargas Llosa está a punto de publicar El sueño del celta, en la que se exige otra vez, como autor, una disciplina que es propia de los buenos periodistas. A ese valor, el del periodismo, alude en esta respuesta. "El periodismo me ha dado la obligación de confirmar, de verificar, me ha enseñado lo importante que es la perseverancia. Si no hubiera tenido esa disciplina no hubiera sido un escritor; sigo verificando, sigo corrigiendo, obsesivamente. Es un gozo para mi escribir, sin duda, pero si detrás no hubiera este esfuerzo no hubiera escrito las historias que ahora forma parte de mi vida. Es una servidumbre y un gozo, un gran gozo".
Es un momento para resumir. ¿Qué ha sido su escritura, qué será ahora? "Mi escritura", dice Vargas Llosa, "es mi vida, es lo que soy. Soy la literatura que he hecho. Toda, y el periodismo también. Con respecto al futuro, voy a hacer todo lo posible para que la vida no cambie. Esta es una inyección de entusiasmo; pero mi vida no va a cambiar. Seguiré teniendo iniciativas, posiciones; esa libertad que ejercito seguirá siendo mi libertad como escritor, como periodista y como ciudadano. Siempre tendré los mismos compromisos; ahora, además, habrá más obligaciones, que someteré al orden que siempre me ha dado la escritura, mi trabajo".
"La literatura", terminó Mario Vargas Llosa, "es mi manera de vivir, como decía Flaubert. No tendré otra, con sus sumas y sus restas, esa es la felicidad de mi vida. La literatura me ha dado lo mejor que tengo; los amigos, las experiencias. La entraña de mi vocación no es otra que la literatura, y de ella sale todo lo que soy y todo lo que tengo. Es lo mejor que me ha pasado". ( Entrevista: El País (España)
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